Pasaron dos días. Dos días en los que la vida en la Preparatoria Westbridge continuó con su ritmo habitual en la superficie, pero con una corriente subterránea de tensión palpable.
Los rumores se esparcieron como un virus. Susurros en los pasillos, miradas furtivas en la cafetería. Se decía que el Consejo de Honor se había reunido en una sesión de emergencia. Que el director había cancelado todas sus citas. Algo grande estaba pasando.
La clase de cálculo avanzado era el lugar más improbable para que el drama explotara. El aire estaba lleno del zumbido de las calculadoras y la voz monótona del profesor explicando una derivada compleja en la pizarra. Era un santuario de lógica y orden.
Hasta que la puerta se abrió.
La señora Morales, la asistente personal del director, entró en el aula. Era una mujer de mediana edad cuya presencia fuera de la oficina principal siempre significaba una de dos cosas: una emergencia familiar o un problema disciplinario grave.
La clase se quedó en silencio. El profesor se detuvo a mitad de una ecuación, con el marcador en el aire.
La señora Morales caminó con pasos silenciosos hasta el escritorio del profesor y le entregó una nota doblada. No dijo una palabra.
El profesor la desdobló, sus ojos recorriendo las pocas líneas escritas. Sus cejas se fruncieron. Levantó la vista, y su mirada barrió el salón, pasando por encima de treinta rostros curiosos hasta que se detuvo en uno.
En Sofía Estevez.
La atmósfera en la habitación se congeló.
—Señorita Estevez —dijo el profesor, su voz extrañamente formal, desprovista de su calidez habitual—. El director quiere verla en su oficina.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra
Hasta ahora esta muy interesante...