Esa noche, la habitación de Alejandra se transformó en un centro de comando. El vestido esmeralda, el arma del enemigo, colgaba en el armario, ignorado. Sobre su escritorio, su laptop era la única fuente de luz, proyectando un resplandor azulado en su rostro concentrado.
Sabía que no podía ir a una costurera local. No podía confiar en nadie dentro del círculo de los Estevez. Su contraataque tenía que venir de fuera, de un lugar que ellos no pudieran prever ni controlar. Tenía que ser auténtico, poderoso y, sobre todo, suyo.
Activó la VPN, enrutando su conexión a través de un servidor en el extranjero. Una precaución necesaria. Abrió un navegador seguro y comenzó su búsqueda.
No buscó grandes marcas ni diseñadores de renombre. Eso sería jugar en el terreno de Natalia y los Estevez. Necesitaba algo diferente.
Sus dedos teclearon en la barra de búsqueda: "diseñadores emergentes Oaxaca", "moda artesanal mexicana contemporánea", "alta costura bordado tradicional".
Se sumergió en un mundo de blogs de moda de autor, artículos en revistas de nicho y, sobre todo, Instagram. La plataforma visual era un tesoro. Descartó docenas de perfiles. Algunos eran demasiado rústicos, otros demasiado comerciales. Buscaba una aguja en un pajar: alguien que entendiera la tradición no como una pieza de museo, sino como un lenguaje vivo.
Y entonces, la encontró.
El perfil se llamaba "@isabel.luna.arte". No tenía miles de seguidores, pero cada publicación era una obra de arte. Las fotos mostraban vestidos que eran a la vez modernos y ancestrales. Cortes de alta costura, siluetas atrevidas, pero adornados con bordados que contaban historias. Reconoció las flores de San Antonino Castillo Velasco, los patrones geométricos de Mitla, la explosión de color de los alebrijes, todo reinterpretado con una elegancia sofisticada.
La diseñadora, Isabel Luna, era una mujer joven, de su misma edad, con una mirada intensa y manos manchadas de tinte en algunas fotos. Su biografía era simple: "Tejiendo el pasado en el hilo del futuro. Desde Oaxaca para el mundo".
Era ella. Era perfecto.
Alejandra creó una nueva cuenta de correo electrónico anónima: [email protected].
Redactó el mensaje con cuidado, eligiendo cada palabra.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra
Hasta ahora esta muy interesante...