La oficina de Alejandra no se parecía en nada al contenedor de metal en Veracruz.
Era un espacio de calma y luz.
Paredes blancas, muebles de madera clara y un enorme ventanal que enmarcaba una vista perfectamente curada de los volcanes a la distancia.
El aire olía a lavanda y a éxito.
Alejandra estaba sentada detrás de su escritorio minimalista, revisando los diseños de empaque para una nueva línea de jabones artesanales.
Ya no era la joven que luchaba por sobrevivir.
Era una CEO. Una líder. La arquitecta de su propio destino.
La puerta se abrió y Valeria entró sin tocar, como siempre.
Llevaba una tablet en la mano y una sonrisa que era una mezcla de satisfacción y desprecio.
—Tienes que ver esto, fresita —dijo, deslizando la tablet sobre el escritorio de Alejandra.
En la pantalla, un titular de un portal de noticias europeo.
"El Fantasma de Mónaco: La Ex-Chef Celebridad Cae en la Ruina".
Debajo, una foto borrosa de Natalia.
Luego, otro titular de un periódico oaxaqueño.
"El Médico Milagroso de la Sierra: Un Cirujano de la Capital Encuentra la Redención".
Una foto de Adrián, con aspecto cansado pero en paz, atendiendo a un niño.
Alejandra miró las imágenes.
El rostro amargado de Natalia.
El rostro sereno de Adrián.
Los fantasmas de su pasado, ahora reducidos a noticias lejanas, a historias de otros mundos que ya no tenían nada que ver con el suyo.
Valeria se apoyó en el escritorio, cruzando los brazos, observando el rostro de su amiga en busca de una reacción.
Esperaba ver un destello de triunfo. Una sonrisa de satisfacción. Algo.
Pero el rostro de Alejandra permaneció impasible.
Sereno.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra
Hasta ahora esta muy interesante...