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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 378

El calor en Coatzacoalcos era un ser vivo.

Un animal pegajoso y pesado que se metía por el cuello de la camisa y te hacía sudar hasta el alma.

La oficina de la obra en construcción era un contenedor de metal que, bajo el sol de Veracruz, se convertía en un horno.

Un ventilador asmático en el rincón no hacía más que mover el aire caliente de un lado a otro.

Sofía Estevez-Rojas Ibáñez se secó una gota de sudor de la frente con el dorso de la mano, dejando una pequeña mancha de polvo.

Llevaba un casco de seguridad amarillo y un chaleco reflectante naranja sobre una camiseta de algodón gris, barata y manchada.

Su cabello, antes peinado en un salón de Polanco, ahora estaba recogido en una coleta desordenada bajo el casco.

—Maldito calor —murmuró para sí misma, su voz era un quejido cansado.

Sus ojos, antes acostumbrados a leer menús en francés, ahora estaban fijos en una pila de facturas de cemento y varillas de acero.

La puerta del contenedor se abrió de golpe, dejando entrar una ráfaga de aire aún más caliente y una nube de polvo.

Era Mateo.

Estaba cubierto de una fina capa de polvo de pies a cabeza.

Llevaba un rollo de planos arquitectónicos bajo el brazo, su rostro enrojecido por el sol.

—El capataz necesita que apruebes la orden de la grava —dijo, su voz era ronca por la sed.

Dejó caer los planos sobre el escritorio improvisado de Sofía, esparciendo más polvo sobre sus facturas.

—¡Ten más cuidado, idiota! —espetó ella—. Llevo toda la mañana cuadrando esto.

—¡Pues perdón, su majestad! —replicó él con un sarcasmo desprovisto de humor—. Lástima que no tengas a una de tus sirvientas para que te organice los papelitos.

Se miraron el uno al otro, sus rostros reflejando la misma miseria, la misma fatiga.

La pelea murió antes de empezar. No tenían energía para ella.

Esta era su nueva vida.

Después de que Ricardo los despojara de todo, habían sido enviados a este exilio de sudor y trabajo duro.

Vivían en un pequeño apartamento rentado de dos habitaciones en el centro de Coatzacoalcos.

Compartían un baño. Compraban su propia comida. Lavaban su propia ropa.

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