La guerra por Manhattan no se libraba con ejércitos, sino con agentes inmobiliarios.
Y eran una fuerza de ocupación mucho más brutal.
Alejandra y Valeria pasaron dos semanas en una suite de hotel con vistas a Central Park que se había convertido en su cuartel general.
Las paredes estaban cubiertas de mapas de la Quinta Avenida y listas de propiedades.
El veredicto de cada agente que visitaban era el mismo, entregado con una sonrisa condescendiente y un traje de miles de dólares.
—Señoritas, la Quinta Avenida no es un mercado. Es un club.
Un hombre llamado Jonathan, con un bronceado falso y dientes demasiado blancos, se lo explicó como si le estuviera hablando a unas niñas.
—Hay una lista de espera. Años. A veces décadas. Las marcas globales pagan fortunas solo para estar en esa lista. Un local aquí no se alquila, se hereda.
Otro agente, una mujer con un acento francés afectado, fue aún más directa.
—Su marca es… encantadora. Muy exótica. Pero la Quinta Avenida es para Chanel, para Gucci, para Tiffany. No para… folklore.
Cada reunión era una bofetada de elitismo, un recordatorio de que habían entrado en un nuevo tipo de jungla.
Una noche, después de la décima negativa, Valeria arrojó una carpeta sobre la mesa de la suite.
—¡Estoy harta de estos pendejos! —exclamó—. Actúan como si estuvieran vendiendo pedazos de la luna. ¡Es solo una calle con tiendas caras!
Alejandra no respondió.
Estaba de pie frente al ventanal, mirando el mar de luces de la ciudad.
—Tienen razón —dijo finalmente, su voz era un susurro tranquilo.
Valeria la miró, incrédula. —¿Qué? ¿Te vas a rendir?
—No —dijo Alejandra, girándose. Había una luz peligrosa en sus ojos, la misma que Valeria había visto antes de cada una de sus victorias—. Tienen razón en que es un club. Y nosotros no estamos en la lista.
Hizo una pausa, una sonrisa lenta y calculadora dibujándose en su rostro.
—Así que no vamos a esperar en la fila. Vamos a comprar el club.
Durante los siguientes tres días, Alejandra no durmió.
Se sumergió en los registros de propiedad de la ciudad, en los informes financieros, en los artículos de archivo del Wall Street Journal.
No buscaba un local en alquiler. Buscaba una debilidad.

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Hasta ahora esta muy interesante...