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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 383

La noche había caído sobre la Ciudad de México.

La oficina de Alejandra estaba en silencio, la única luz provenía de la lámpara de su escritorio y del resplandor de la ciudad que se filtraba por el ventanal.

El olor a café frío y a trabajo hecho impregnaba el aire.

Sobre la gran mesa de juntas, había un desorden de papeles, muestras de empaque y tazas vacías.

Era el aftermath de una sesión de estrategia que había durado doce horas.

Valeria estaba desplomada en una de las sillas, con los zapatos de tacón a un lado y los pies descalzos sobre la madera fría del suelo.

—Estoy muerta —dijo con un bostezo—. Si veo un gráfico más, te juro que mis ojos se van a declarar en huelga.

Alejandra no respondió.

Estaba de pie, de espaldas a la mesa, frente a un enorme mapa que colgaba en la pared.

No era el mapa de México.

Era un mapa del mundo.

El mapa de México, en otra pared, estaba lleno de pequeños marcadores rojos, cada uno representando una tienda, un punto de venta, un éxito.

Parecía un campo de batalla después de una victoria aplastante.

El mapa del mundo, en cambio, estaba limpio.

Virgen.

Una extensión de posibilidades.

Valeria la observó en silencio. Conocía esa quietud en Alejandra.

Era la calma que precedía a un terremoto.

Alejandra levantó una mano y su dedo índice trazó una línea invisible sobre el Océano Atlántico, luego subió por la costa este de los Estados Unidos.

Su dedo se detuvo.

Sobre un pequeño punto en el mapa.

Una isla.

Manhattan.

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