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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 42

Cuando Alejandra cruzó el umbral del museo, el efecto fue como una onda expansiva. Las conversaciones se detuvieron. Las cabezas se giraron. Los murmullos se extendieron por la multitud como un reguero de pólvora.

Ignoró por completo a Mateo, quien se apresuró a su lado, su rostro una máscara de confusión y furia apenas contenida.

—¿Qué es esto? —siseó él en voz baja, tratando de sonreír para las cámaras cercanas—. ¿Dónde está el vestido que te di?

Alejandra finalmente lo miró, una sonrisa serena en sus labios.

—Era precioso, Mateo. Pero esto… esto soy yo.

Antes de que él pudiera responder, una mujer mayor, de elegancia formidable y conocida en toda la ciudad como la mayor coleccionista de arte popular mexicano, se acercó a ellos. Sus ojos, agudos y expertos, devoraban cada detalle del vestido de Alejandra.

—Querida, perdona mi atrevimiento —dijo la mujer, su voz era un ronroneo de autoridad cultural—. Tu vestido no es una prenda. Es una obra de arte viviente. Es la pieza más extraordinaria que he visto en años. Debes decirme, ¿quién es el artista?

Alejandra inclinó la cabeza respetuosamente.

—Es un honor que lo aprecie, señora de la Garza. La artista es Isabel Luna, una diseñadora de Oaxaca. Todo el bordado está hecho a mano, siguiendo la tradición de San Antonino Castillo Velasco.

La coleccionista chasqueó la lengua con admiración.

—¡Isabel Luna! He oído hablar de ella. Joven, pero con un talento inmenso. ¡Qué audacia! ¡Qué visión! Llevar esto aquí, esta noche… es una declaración.

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