Entrar Via

El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 52

Javier de la Torre saboreó su victoria como un vino añejo. Ver la caída de Mateo era un placer, pero un rumor, por jugoso que fuera, seguía siendo solo eso: un rumor. Necesitaba una confirmación, una prueba irrefutable que transformara el chisme en un hecho y el hecho en un arma.

Localizó a su objetivo a través del salón: Rodrigo Cueva, un joven diseñador cuyo talento solo era superado por su ambición y su amor por el escándalo. Rodrigo trabajaba como asistente para uno de los grandes nombres de la moda en México, y sus ojos estaban entrenados para detectar una costura falsa a veinte pasos de distancia.

—Rodrigo, ven aquí —dijo Javier con una sonrisa conspiradora.

Rodrigo se acercó, sus ojos brillando con curiosidad. —¿Qué pasa, Javier? Pareces un gato que se acaba de comer a un canario muy, muy caro.

—Tengo un trabajo para ti. Un pequeño safari de moda —Javier señaló discretamente con la cabeza hacia una esquina oscura del salón, donde la silueta de Mateo se escondía detrás de una maceta—. Nuestro amigo Mateo Estevez está teniendo problemas con su atuendo.

—Lo he oído. El ataque del vino tinto. Una tragedia —dijo Rodrigo, sin poder ocultar su diversión.

—La tragedia es más profunda —continuó Javier, bajando la voz—. Tengo la teoría de que ese traje es más falso que las disculpas de un político. Apuesto mi reloj a que la etiqueta es una imitación barata de Tailandia.

Los ojos de Rodrigo se abrieron de par en par. Esto era mucho más interesante que un simple derrame.

—Necesito que lo confirmes —ordenó Javier—. Ve allí, fíngete preocupado, ofrécele tu ayuda de experto. Haz lo que tengas que hacer, pero quiero saber qué dice esa etiqueta.

Motivado por la promesa del chisme más grande de la temporada, Rodrigo asintió y se puso en marcha. Se movió con la confianza de un experto, su rostro componiendo una máscara de simpatía profesional.

Interceptó a Mateo justo cuando este intentaba escabullirse hacia una salida de servicio, probablemente para llamar a su chofer y huir de su pesadilla.

—¡Mateo! ¡Qué horror lo que ha pasado! —exclamó Rodrigo, su tono lleno de una preocupación perfectamente actuada.

Mateo se sobresaltó, su rostro pálido se volvió aún más blanco al ser confrontado.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra