Natalia colocó la última semilla de ajonjolí sobre su obra maestra con la delicadeza de una joyera. El "Mole Negro Emperatriz" reposaba en el plato, oscuro, brillante y perfecto. Levantó la vista y sonrió a las cámaras, una sonrisa de triunfo absoluto.
La multitud, hipnotizada, estalló en un aplauso atronador.
El presentador del evento, un hombre con un traje demasiado brillante y una sonrisa permanente, se acercó a ella.
—¡Extraordinario, chef Fuentes! ¡Simplemente extraordinario! —exclamó, su voz retumbando por todo el parque—. Nos ha regalado no solo una receta, sino una pieza de poesía culinaria. ¡Un aplauso aún más fuerte para la reina de Sabor a Polanco!
Mientras los aplausos volvían a crecer, el presentador levantó una mano. —Estoy seguro de que nuestra audiencia está ansiosa por saber más. Abriremos el micrófono para un par de preguntas. ¿Quién será el primer afortunado?
En el fondo de la multitud, una mano se levantó. No era la de un crítico conocido ni la de un influencer ansioso. Era una mano firme, decidida.
El presentador la señaló. —¡Sí, la señorita al fondo! Por favor, uno de nuestros asistentes le acercará un micrófono.
Un joven con auriculares corrió por el pasillo y le entregó el micrófono a Elena. Ella lo tomó, sus nudillos blancos por la presión. Por un instante, sus ojos se encontraron con los de Alejandra, quien le dio un casi imperceptible asentimiento.
Elena se puso de pie. El corazón le martilleaba en el pecho, pero la imagen del rostro de su abuela en el video era un talismán contra el miedo.
Todas las cámaras giraron hacia ella. Su rostro apareció en las pantallas gigantes que flanqueaban el escenario.
Natalia la miró desde su pedestal, su sonrisa era condescendiente, esperando la típica pregunta aduladora sobre su "inspiración" o sus restaurantes.
—Chef Fuentes —comenzó Elena, y se sorprendió al escuchar la firmeza en su propia voz. El ensayo había funcionado. La furia era un mejor combustible que el pánico—. Primero, felicidades. Su plato se ve… impresionante.
Natalia inclinó la cabeza, aceptando el cumplido. —Gracias, querida.

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Hasta ahora esta muy interesante...