A diferencia de Diego, los parientes de los Villareal, que hacía tiempo no veían a Sofía, fueron los primeros en notar el cambio enorme en ella.
Antes, ella pasaba casi desapercibida. No se sentía cómoda en las reuniones familiares, prefería quedarse a un lado o caminar detrás de Diego, indiscutiblemente el centro de atención. Aunque no buscara destacar, todos la miraban, y casi siempre con la misma opinión: que no estaba a su altura, que había tenido suerte de casarse con él, y que lo mejor que podía hacer era darle un hijo cuanto antes.
Fuera de eso, nadie se tomaba el tiempo de hablar con ella.
Nadie la tomaba en serio.
Pero esa noche era distinta.
Bastaba verla para notarlo.
Lo más evidente era el brillo en sus ojos.
Antes, tenía una mirada dulce y prudente, con esa cautela constante de alguien que no quiere molestar.
Ahora, en cambio, había una firmeza que imponía, una claridad que desarmaba. Su mirada brillaba con una seguridad tan potente que se sentía a metros de distancia.
La gente nota esas cosas, y bastaba cruzar miradas para notarlo. La Sofía de antes parecía fácil de controlar; la de ahora, no.
Quien la mirara entendía de inmediato que no era una mujer con la que se pudiera jugar.
Isabella quedó paralizada.
Durante todo el día, ni siquiera había pensado en ella.
Y ahora la veía entrar con una fuerza que la descolocó.
En casa del abuelo Eduardo, incluso ella tenía que fingir ser la nieta perfecta: dócil, obediente, moderada.
Pero Sofía, frente a todos, irradiaba algo completamente distinto.
Siempre creyó que Sofía solo se atrevía a mostrarse fuerte cuando tenía a Alejandro detrás.
Entonces, ¿por qué ahora, sin nadie a su lado, seguía con esa actitud desafiante?
Para Isabella, era puro teatro.
Furiosa, se levantó y le gritó con tono hostil:
—¡Hasta ahora llegas! Mejor no hubieras venido.
Esperanza también la miró, y aunque hacía mucho que no la veía, su desagrado seguía intacto.
Antes al menos Sofía sabía agachar la cabeza y aguantar. Eso la hacía soportable.
Pero ahora había algo en ella que le recordaba a Pandora: esa misma firmeza cuando se enojaba, esa dureza tan peligrosa.
El parecido la irritó aún más.
Y como estaban rodeadas de familia, ni siquiera intentó disimularlo.
Isabella, cuando vio la expresión de su madre, se envalentonó.
—¡Mi mamá se puso de mal humor nada más verte! ¡Ve y discúlpate ahora mismo!
Así que, cuando Esperanza siguió criticándola sin parar delante de todos, Sofía no se inmutó.
No le gustaba, claro, pero ya no sentía vergüenza ni rabia.
Sabía perfectamente lo que pasaba: Esperanza solo necesitaba un blanco para descargar su frustración.
El problema era que, esta vez, había elegido mal.
Sofía ya no era la de antes.
La miró con total seriedad y dijo, sin elevar la voz:
—Entonces sigue enojada. Yo voy a esperar unos minutos más antes de irme.
El silencio cayó como un golpe.
Todos se quedaron inmóviles, con los ojos muy abiertos.
Esperanza se puso rígida, inmóvil por la incredulidad.
El resto de la familia también reaccionó, entre escándalo y desaprobación.
Isabella, fuera de sí, gritó:
—¡Sofía, estás loca! ¿Cómo te atreves a hablarle así a mi mamá? ¡Discúlpate ahora mismo!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano
Por favor otros medios de pago para poder conseguir monedas😫...
Muy hermosa pero hay mucha dificultad para leerla porque hay que tener monedas y sin ellas no hay acceso a los capítulos hay que tener otros métodos de desbloqueo gracias...
Please can you publish more than 6 chaps/day.. And today no chaps ???...
🥲...
Pague la aplicación y aún me faltan párrafos deberían prestar más atención en la traducción xq falta contenido no vuelvo a comprar en su aplicación...
Xq no ponen toda la novela de una sola vez me encanta y siempre tengo que esperar al otro día...
Me encanta la pasión la frialdad lo intenso ay no tiene de todo...
Es interesante...