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Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano romance Capítulo 557

En todos esos años sin ver al señor Mendoza, su empresa farmacéutica se había convertido en un conglomerado valorado en cientos de millones de dólares.

Había llegado a quedar entre los verdaderos poderosos de Nueva Castilla, con un imperio del sector con tanta influencia como el Grupo Empresarial Villareal, construido a lo largo de dos generaciones.

Sofía siguió revisando la información, molesta. Por fin entró a la cuenta de la madre de Serena.

Florencia Cardot, colega del señor Mendoza en medicina.

Se casó una sola vez. Su esposo: Octavio.

El golpe fue brutal.

Sofía pensó en Paloma y en su mente se mezclaron imágenes, suposiciones y fragmentos de recuerdos. Todo se volvió un caos.

Cerró el portátil, se llevó la mano a la cabeza y le costó respirar.

Su pecho ardía, lleno de emociones que no sabía cómo contener: rabia, resentimiento, indignación.

Odiaba al señor Mendoza por lo distante que fue con su madre.

¡Con razón viajaba tanto entre Nueva Castilla y Puerto Azul! Tenía otra familia.

Odiaba que durante todos esos años los hubiera ignorado a ella y a Sebastián, mientras mimaba a otra hija como a una princesa.

Y le dolía pensar que tal vez su madre lo descubrió e, incapaz de soportarlo, cayó en esa depresión que la llevó a lanzarse al mar.

Hasta ese momento, Sofía había creído que lo más repugnante que había hecho su padre era rehacer su vida tan pronto después de la muerte de su madre.

Por eso, ella y Sebastián habían decidido cortar todo contacto con él.

Pero ahora... ahora comprendía que había sido mucho peor.

Octavio, ese hombre sin escrúpulos, los había traicionado mucho antes.

—¡Maldito! —murmuró entre dientes mientras temblaba.

Clarissa se alarmó.

—Sofía, ¿estás bien?

—Estoy bien —dijo ella mientras se tocaba la sien—. No te preocupes.

—¿Encontraste algo? —insistió Clarissa, inquieta.

Sofía tardó unos segundos en levantar la mirada. Se puso extremadamente seria, con una mirada penetrante.

Clarissa sintió un escalofrío. A pesar de tener once años más que ella, pocas veces había visto a alguien con una presencia tan dominante.

—Dame el café —dijo Sofía.

—No sé si me odia, pero yo ya tengo un motivo para odiarla. Lumina Entertainment nos robó un contrato que estaba casi cerrado.

—¿Vas a enfrentarte a ellos? —preguntó Clarissa, sorprendida.

—¿Por qué no? ¿Tenemos pinta de que nos dejamos pisotear? —respondió Sofía, con dureza.

Clarissa negó. Ella sabía perfectamente que Sofía no era alguien fácil de doblegar.

Su empresa, Cien Millas Multimedia, aunque tenía pocos años, tenía una estructura impecable, casi como una empresa que cotiza en bolsa.

De hecho, Clarissa había abandonado Lumina Entertainment por el caos y los conflictos internos. Era una víctima más de esa corrupción.

Sofía la miró directo a los ojos.

—Tú y yo estamos en la mejor etapa para luchar. Esta empresa pudo haber nacido por un impulso mío, pero no pienso dejarla a medias. Si vamos a hacerlo, hagámoslo bien. Y si lo hacemos bien... ¿qué significa "bien"? Propongamos una meta.

Clarissa asintió, con una sonrisa.

—Tener ganancias en un año.

Sofía sonrió, con determinación.

—No. Superar a Lumina Entertainment. ¿Qué te parece?

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