Entrar Via

El éxtasis del dolor: Hasta que tu muerte nos separe. romance Capítulo 10

El mafioso dejó a la pelirroja sobre la camilla, dejando que se la llevaran, escuchando que una enfermera pedía datos para poder registrarla. Mientras él sólo pudo ver las manos rasgadas y el rostro magullado de la mujer que Beagle no vio antes de evitar arrollarla.

Aún podía ver en su mente el rostro aterrado que vio, antes de advertir a su conductor, pero fue muy tarde cuándo la encontró a punto de perder el conocimiento.

—¿Es usted algún familiar?

—Ella es…mi esposa —decirlo en voz alta le hizo probar algo extraño, pues cuándo lo escuchaba en su familia representaba peso. En cambio, en él, era referirse de esa manera a la mujer que dormía bajo el mismo techo que el tipo que atacó a su madre y su tía. La esposa del enemigo, ahora era la suya.

Se mantuvo en ese pasillo, con Beagle tratando de disculparse con él por lo sucedido. Nadie salía a decir nada, por lo que esa sensación diferente en su estómago era indescifrable. ¿Culpa? No, era algo más…

Observó el pasillo del lugar, dándose cuenta de que, para Harper no había nadie más que ellos dos. Los Visconde brillaban por su ausencia, pero al saber lo que se aseguraba que había hecho a los 16 años, ya tenía la razón para no hacerlo. Lorcan ahora tampoco estaba y cuándo el acuerdo se dio, resaltó su cercanía con ella. A la dichosa nana la entendía, porque los Visconde le prohibieron marcharse con un tipo de advertencia que no comprendió y no le interesaba desentrañar.

—¿A dónde va? —Beagle lo siguió en cuánto se levantó de su silla.

—Quédate aquí por si necesitan algo. Este no es mi lugar —manifestó cruzándose con algunas enfermeras en el camino.

—¿Y si pregunta por usted? —presionó el botón para llamar el elevador ante la mirada del Demon.

—Preguntará por todos, menos por mí. Estará aliviada de no tenerme cerca, —se adentró en la caja metálica que lo encerró para descender a la primera planta.

Condujo en silencio, mientras recordaba el desayuno en donde estaba con su familia completa cuando recibió la documentación de unas joyas empeñadas a nombre de Harper Crown. Su primera reacción fue hastío imaginando que había sido tan tonta por recibir 10 mil dólares por el anillo que cargaba, hasta que estando en su escritorio reparó la nota y se dio cuenta de que no había sido su argolla de matrimonio, sino unas diferentes.

La pelirroja no iba entrando a la casa de los Visconde, iba huyendo prácticamente. La ausencia de esa familia en el hospital dejaba mucho a la imaginación.

Se presentó a la casa de estilo victoriano, el cuál le abrió las puertas de inmediato.

—¿A qué vino Harper a este sitio si no iba a vivir aquí?

—No tenemos permitido hablar del tema. No me comprometa, por favor. De mi trabajo aquí depende mi familia —se excusó la mujer, preguntando a su vez si era todo.

—Quiero hablar tu jefe

—Todos están cenando con el señor Bohemond, si prefiere esperarlos…

—Me queda perfecto —replicó escuchando algunos sonidos, que estaba seguro que eran de ellos. La mujer de servicio quiso detenerlo, pero le fue imposible hacerlo cuándo el mafioso cruzó el salón a paso rápido.

—Señor, tengo que anunciarlo primero— intentó alcanzarlo, pero fue ignorada por el hombre que cruzó la entrada al comedor, donde todos comían en silencio.

Noelle fue la primera en verlo. Alaric le avisó a su padre y Lorcan se levantó de inmediato.

—Estábamos muy preocupados, ¿cómo siguió Harper? —Lorcan fue el primero en hablar.

—¿Quién le causó esas lesiones?— cuestionó mirando a todos y nadie a la vez.

—¿Lesiones? —el hermano de Harper tomó la palabra. —Si te refieres a las que obtuvo con el impacto…

—¿Qué te pasó en los dedos? —cuestionó esta vez hacia Alaric.

—Accidente con la puerta del auto —mintió, pues decir que Lorcan le rompió los dedos era una sentencia para ellos.

—No me digas que fue la misma puerta— Clifford negó inmediatamente. Mateo rodeó la mesa tomando el tenedor que comenzó a limpiar con una servilleta, dejándolo sobre la mesa y tomando uno distinto para repetir la acción.

—En el museo en donde trabajo, se cayó una pieza que me lastimó la mano. Sucede muy seguido— el patriarca de la familia miró a su esposa. —Noelle se queja mucho de eso. Creo que debería dejar ese trabajo.

Mateo no mostró ninguna mueca, tomó un cubierto más y continuó, pese a que todos parecían tener la misión de lograr divertirlo. Cada uno siguió riendo, cuál conversación amena.

—En cuánto la cena termine, iremos todos juntos a ver a Harper— propuso Lorcan para armonizar la mesa, quién se posicionó con las manos abiertas sobre la mesa para dirigirse a todos. —Necesita sentirnos cerca y que la apoyamos cómo las...

El tenedor se enterró en su mano con tal fuerza que su grito no pudo ocultarlo. Alaric y Clifford se pusieron de pie rápidamente. Noelle empujó la silla con terror para alejarse de él y Lorcan sintió sus tendones ser reventados cuándo el acero fue girado sobre su mano.

La sangre manchó la mesa, en tanto Mateo lo arrancó con la misma fuerza con la que le abrió la piel.

—Bonita tu disposición, pero no la creí— Lorcan levantó la mano con el brazo temblando debido al dolor. —Harper tenía marcas de golpes en su nariz y cuello, que el accidente no causó y esos dos son unos imbéciles, pero cobardes. Descartados ellos, quedas tú —atrapó la mano herida para aplastarla con la suya. —Que no se te olvide esposa de quién es ahora, a causa de qué lo es y lo que podría pasar si muere. Adiós acuerdo— añadió.

—No le hice nada. Puedes preguntarle a ella —Lorcan sabía que Harper no lo delataría, porque acabaría peor que él. Se había asegurado de tener su lengua atada, y la de toda la familia incluida —Además, dijiste que no te importaba. Ella no te…

—Eso no le quita el apellido que ahora carga— esclareció con dureza. —Independientemente de, si soporte su existencia o no, sigue siendo mi esposa y cuándo la atacan, están burlando mi nombre. Algo que no puedo permitir —lo liberó, evocando el acuerdo que habían hecho. —Agradece que ella no me importa. Imagina si lo hiciera.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El éxtasis del dolor: Hasta que tu muerte nos separe.