En cualquier lugar que enfocaran las cámaras, se podía ver a Fabio Serrano cuidando de Vanesa.
Cada vez que se encontraban con alguien, él la presentaba con orgullo: "Ella es mi esposa".
Giselle Rivas, por el contrario, se había convertido en un secreto vergonzoso, alguien que debía permanecer en las sombras.
A kilómetros de distancia, en Boston, Giselle observaba esas imágenes en la pantalla. Su rostro se contorsionó en una expresión sombría y aterradora.
A su alrededor, la habitación era un desastre; había destrozado todo lo que encontró a su paso.
El personal de servicio permanecía de pie en la periferia, sin atreverse a dar un paso adelante.
Tenían pánico de convertirse en el blanco de su ira.
Sin pensarlo dos veces, agarró su teléfono dispuesta a llamar a Fabio.
Pero en el último segundo, colgó.
Apretó el aparato con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
—Fabio, ¿de verdad tienes que acorralarme de esta manera? —murmuró Giselle, llena de resentimiento.
Su respiración era agitada. Sentía que la cabeza le iba a estallar del dolor.
De repente, un grito desgarrador resonó desde el dormitorio principal. El personal de servicio entró en pánico.
Giselle se desplomó en el suelo, perdiendo el conocimiento.
El lugar se sumió en un caos total.
...
Tras aquella gala, Vanesa y Fabio parecían estar mucho más unidos.
Vanesa sabía perfectamente que todo era una farsa, pero esa amabilidad retorcida la estaba envolviendo, atrapándola en su propia red.
Era una contradicción asfixiante que la dejaba sin aliento.
A pesar de todo, tenía muy claro lo que debía hacer. Su determinación de marcharse seguía intacta.
Solo que, en medio de esa firmeza, a veces se permitía divagar por un instante.
Una ensoñación tan fugaz que parecía irreal.
No obstante, gracias a esa misma farsa, los días de Vanesa se habían vuelto más tranquilos.
Al menos ya no tenía que vivir con el corazón en un puño, temiendo el próximo movimiento de Fabio.
—Señora, el señor Serrano la está esperando afuera —anunció el mayordomo con una cálida sonrisa.
—De acuerdo —asintió Vanesa.

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