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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 460

La declaración no podía ser más contundente, incluso si no había mencionado nombres.

Todos los presentes sabían exactamente a quién estaba humillando Julián.

—Entonces, ¿por qué no se casaron en su momento? —insistió un reportero, hambriento de más exclusivas.

—Porque yo respeto sus decisiones. Pero que quede claro: siempre estaré firme a su lado, cuidándole la espalda. Si ella es feliz, me hago a un lado. Pero si le hacen daño, no me voy a quedar de brazos cruzados —Julián lanzó la amenaza mirando directamente a Fabio—.

—Evidentemente, hay quienes no saben valorar lo que tienen —añadió, soltando el veneno sin ningún filtro.

Por si fuera poco, Julián emitió una carcajada sarcástica en la cara de su rival.

No añadió más, pero nunca soltó la mano de Vanesa.

Cuando volvió a mirarla, la ferocidad en sus ojos fue reemplazada por una ternura infinita.

Era como si toda la dulzura de la que Julián era capaz estuviera reservada exclusivamente para ella.

—Vámonos —le susurró.

Vanesa no opuso resistencia.

Cuando se disponían a marchar, Fabio dio un paso al frente.

Pero antes de que pudiera articular una sola palabra, Julián lo frenó con una sonrisa cargada de desprecio.

La insolencia de Julián hacia Fabio no conocía límites.

—Fabio, acaban de salir del Registro Civil. Te recuerdo que están divorciados —disparó Julián, dándole la estocada final—. No me vayas a salir con el cuento de que venías a firmar tu acta de matrimonio y te equivocaste de novia.

Cuando Julián decidía ser cruel, no le importaba quién estuviera enfrente.

Y cada una de sus palabras estaba diseñada para hacer sangrar el ego de su oponente.

Destrozarlo en público era su especialidad.

Como era de esperarse, el rostro de Fabio se desfiguró por la rabia, oscureciéndose como una tormenta.

Pero a Julián lo tenía sin cuidado.

Condujo a Vanesa hacia su auto, le abrió la puerta del copiloto para que subiera, y luego la cerró con suma elegancia.

Segundos después, rodeó el auto hacia el asiento del conductor.

Los reporteros se abalanzaron sobre él una última vez:

—Joven Jiménez, ¿usted y Vanesa planean casarse pronto?

Julián los miró y fue tajante: —Tranquilos, cuando yo me case, lo gritaré a los cuatro vientos. No tengo por qué esconder a la mujer que amo. Al fin y al cabo, no soy un cobarde, ni me gusta jugar a dos bandos.

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