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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 465

Cuando Vanesa se dio la vuelta, Julián ya estaba sentado, fingiendo estar concentrado en unos documentos.

Ella se quedó parada en silencio, y él, notando su incomodidad, fue directo al grano: "Antes de irnos, me quedaré contigo. Si te dejo sola, no tendré paz".

Él leía sus pensamientos con una precisión aterradora y no dudaba en expresar sus intenciones.

"Sé que en este departamento solo hay una recámara, pero no te preocupes, dormiré en el sillón de la sala. Todos esos años en el extranjero pasé por condiciones mucho peores que esta. Estaré bien", añadió con total naturalidad.

Ese comentario la dejó sin argumentos.

"Además, ahora mismo ambos estamos solteros, no veo cuál es el problema de compartir techo", concluyó, cerrando cualquier puerta a un debate.

Vanesa soltó un suspiro de derrota.

La firmeza de Julián no tenía nada que ver con la de Fabio.

La seguridad de Julián nacía de sus entrañas, era directa, frontal e imposible de rebatir.

Fabio, en cambio, envolvía su control en manipulación; fingía ceder mientras en la oscuridad movía los hilos para someterla.

Al hacer la comparación, Vanesa se sintió aún más abrumada.

"Julián, de verdad estoy bien", intentó convencerlo una última vez.

"Si estás tan bien, ¿a qué le tienes miedo?", retó él sin perder la compostura. "Además, si llegara a pasar algo entre nosotros... nos casamos y punto".

Ante semejante lógica, Vanesa se rindió por completo. Ya no dijo ni una palabra más.

"Ve a descansar. Ya no le des tantas vueltas", le ordenó él con tono protector. "Aprovecharé estos días para cerrar unos pendientes que tengo en Jalapa y después volaremos a Boston".

La mención de esos planes la hizo levantar la vista con cierta incredulidad.

Sabía muy bien la responsabilidad que pesaba sobre los hombros del heredero de la familia Jiménez. Era impensable que le permitieran estar fuera del país por tanto tiempo.

Julián, adivinando sus dudas, agregó: "Te daré uno o dos años para que te adaptes, y luego te llevaré a conocer a mi familia. Tampoco es que mi casa sea el paraíso. E incluso si regresamos a Monterrey, compraremos un lugar para vivir nosotros solos".

Pero el verdadero escándalo era la aparición de Julián.

Todo se había tergiversado para pintar un triángulo amoroso asqueroso.

La narrativa pública la acusaba de ser una mujer infiel que engañaba a Fabio con el joven Jiménez, pintando a Fabio como un hombre comprensivo que le había otorgado el divorcio por pura bondad.

Toda la maquinaria mediática rescató los chismes viejos, coronando a Giselle Rivas como la gran víctima y mártir de la historia.

Los seguidores incondicionales de Giselle estaban manipulando la opinión pública con saña.

Las redes sociales ardían en insultos contra Vanesa.

Y, por si fuera poco, habían arrastrado a la bebé Serrano al fango.

Retorcieron los hechos hasta la saciedad. La gente decía que la muerte de la pequeña era un alivio, que Vanesa nunca la había querido y que solo la había usado como un peón para conseguir una pensión millonaria en el divorcio.

Incluso esparcieron el rumor de que se había embarazado a propósito para atrapar a Fabio definitivamente.

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