Un movimiento preventivo.
En cuestión de segundos, la imponente figura de Fabio desapareció por los pasillos del hotel.
...
En el salón del banquete, Vanesa se acercó a los invitados más importantes, los saludó con cortesía y, tras cumplir con el protocolo, se dispuso a marcharse.
Solo había pasado media hora, pero al salir, sintió que las piernas le fallaban.
Una ola de calor abrazador le recorrió el cuerpo entero.
A pesar de que ya estaban a principios de otoño en Bahía Perla y, aunque los días seguían siendo cálidos, las noches eran mucho más frescas.
Además, el hotel tenía el aire acondicionado al máximo.
No había forma de que sintiera tanto calor.
Vanesa frunció el ceño.
Pero el fuego que le ardía por dentro se volvía cada vez más incontrolable.
Fue entonces cuando un mal presentimiento se apoderó de ella.
En los últimos tres años, el vertiginoso ascenso de IGM había puesto en jaque a demasiadas corporaciones en la ciudad.
Por supuesto que IGM tenía enemigos acechando en las sombras.
Pero ella siempre había mantenido un perfil bajo. Quienes conocían su verdadero rostro se contaban con los dedos de una mano.
Eso, sumado a la protección absoluta que le brindaba Julián.
Mientras estuviera en Monterrey o en su territorio, estaba a salvo.
Pero ahora que su relación con Julián se había hecho pública, los ojos de todo el mundo estaban puestos sobre ella.
Era lógico que intentaran atacarla.
Sin embargo...
De pronto, escuchó pasos apresurados a sus espaldas.
—¡Rápido, se fue por allá! Búsquenla y sáquenla de aquí, no dejen que escape.
—Quiero ver cómo la familia Jiménez defiende a una mujer arruinada; cuando termine con ella, IGM será pan comido.
...
Vanesa mantuvo la compostura.
Se dio cuenta de que la habían drogado.
Sin mirar atrás, caminó a paso firme hacia los ascensores.
Solo necesitaba salir de ese piso y encontrar a su asistente.
Su mayor temor era que la hubieran engañado para separarlas.
Su mente trabajaba a mil por hora buscando una salida.
Pero el sofoco en su pecho se volvía más intenso, arrebatándole poco a poco el control de su cuerpo.
Incluso sus pasos empezaron a volverse pesados y torpes.
Los ruidos detrás de ella se acercaban.

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