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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 101

—Chase —llamó Althea en voz baja.

Se detuvieron antes de entrar al restaurante. Desde adentro llegaba una música suave, apenas perceptible. Josh estaba entre los dos, jugueteando con la camisa que traía puesta, ligeramente arrugada. No volvió a preguntar por Daven. Las relucientes luces de cristal a su alrededor parecían haber captado su atención, distrayéndolo por el momento.

—¿Sí? —Chase la miró con preocupación grabada en la cara—. ¿Qué pasa?

—¿Mami? ¿Qué tienes? —Josh preguntó alarmado—. ¿Estás enferma?

Althea negó rápido y sonrió, apenas lo suficiente para tranquilizarlo.

—Estoy bien, cariño —dijo, pasándole una mano con suavidad por la cabeza. Pero sus ojos estaban fijos en los de Chase, pidiéndole permiso en silencio.

—Yo... necesito un momento antes de conocer a tu familia. Solo uno breve —confesó Althea—. El encuentro de hace rato me desestabilizó. Tengo miedo de... no poder dar lo mejor de mí frente a tu familia si entro así.

Chase la observó con atención y asintió con suavidad.

—No tienes que forzarte, Althea. —Le tomó la mano y la apretó con firmeza, su manera de ofrecerle apoyo en silencio—. Anda. Tómate un momento para respirar. Josh y yo te esperamos aquí.

—Gracias. —Su sonrisa se volvió genuina. Chase era tan amable y dulce... tan dulce que dolía. ¿Cómo podía un hombre como él amar tan profundamente a alguien como ella? Si la cena con su familia salía bien esta noche, Althea se prometió que lo intentaría. Despacio, con cuidado, aprendería a corresponderle con la misma devoción. Aunque le tomara años, no le importaría.

Entró al baño para recomponerse. Solo necesitaba un momento, lo suficiente para echarse agua en la cara y mirarse a los ojos. Para borrar los recuerdos que la perseguían de su matrimonio con Daven.

“Daven es el pasado. No va a volver a destruirte. Los dos eligieron sus propios caminos. Así que... no los cruces de nuevo”, se dijo con firmeza.

Se quedó ahí unos minutos, con la cara mojada, dejando que el frío del agua la devolviera al presente. Quizá le ayudó. Pareció acallar el ruido en su cabeza. No podía darse el lujo de perder el control ahora. No esa noche.

Cuando logró calmarse lo suficiente, Althea regresó con paso firme. Caminó hacia Chase, que seguía esperando en el mismo lugar, afuera del restaurante donde se celebraba la reunión de la familia Miller.

Lo miró y asintió con determinación.

—Estoy lista.

De pie junto a Chase, Althea respiró hondo. Sentía cada mirada posarse sobre ella; no solo de reojo, sino observándola con atención, como si la estuvieran midiendo desde todos los ángulos posibles. Se veían amables, pero había una formalidad, una línea clara que no estaban dispuestos a cruzar todavía. Algo en el ambiente se sentía... tenso.

Althea lo percibía en cada gesto.

Igual que la primera vez que se presentó ante la familia Callister. Dios, ¿por qué se sentía tan familiar?

—Mamá, papá —comenzó Chase—, ella es Althea Grayson y su hijo, Joshua Grayson.

—Buenas noches —saludó Althea con calidez y cortesía, inclinándose levemente en señal de respeto.

—Sí, buenas noches —murmuró la mujer de mediana edad que Althea supuso era la madre de Chase. Asintió apenas. Su sonrisa apenas le rozó los labios y su mirada no terminó de encontrarse con la de Althea. Su actitud era fría, con un aire inconfundible de desinterés.

El hombre junto a ella, en cambio, observó a Althea un momento más antes de hablar.

—Por favor, tome asiento, señorita Grayson —dijo, señalando las sillas frente a ellos.

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