—¡Muévete! —ordenó uno de los hombres que había bajado antes.
—¡No! —Naomi se negó y sostuvo la mirada de Falcon con todo el valor que le quedaba.
—Ah, ¿sí? —Falcon se acercó y, con un rápido movimiento, la tomó en brazos para echársela al hombro. No la trataba como a una mujer, sino como si cargara un objeto que ya le perteneciera.
Falcon no prestó atención a las protestas de Naomi. Con la joven sobre el hombro, avanzó con paso firme hacia el interior del viejo edificio. Naomi no dejaba de forcejear. Le golpeó la espalda con las manos atadas e incluso pateó al aire con la esperanza de hacerlo perder el equilibrio.
Pero toda su resistencia resultó inútil.
—¡Suéltame! —gritó.
Falcon no respondió.
En vez de eso, le sujetó las piernas para evitar que volviera a patearlo. El movimiento no fue delicado, pero tampoco tan brusco como para lastimarla. Era como si solo retuviera a alguien que insistía en escapar.
El pasillo por el que avanzaban era bastante largo. Luces amarillas y tenues iluminaban las viejas paredes, que habían sido reparadas varias veces. Por fuera, el edificio parecía una casa abandonada, pero el interior estaba mucho mejor conservado de lo que Naomi esperaba. Varios hombres montaban guardia en cada cruce de los pasillos. Otros, armados, custodiaban la escalera.
Naomi se esforzó por recordar la cara de los guardias, la ubicación de cada puerta y cada giro del pasillo por el que pasaban. Había al menos ocho personas dentro del edificio, sin contar a las que montaban guardia afuera.
Falcon empujó una gran puerta de madera.
El interior era totalmente distinto de la fachada del edificio. En medio del cuarto había una cama grande. Unas cortinas color crema cubrían todas las ventanas. Frente a una chimenea apagada había un sofá largo. Lo que más contrastaba con el ambiente de la habitación eran las flores frescas colocadas sobre una pequeña mesa cerca de la ventana.
Parecía que las habían puesto allí para alegrar la lúgubre estancia. Aunque todo parecía cómodo, para Naomi el lugar no era diferente de una prisión.
Falcon por fin la dejó sentada en el borde de la cama. En cuanto sus pies tocaron el suelo, Naomi retrocedió hasta el centro del colchón.
Sus miradas volvieron a cruzarse.
—¡No te acerques más! —Naomi abrió mucho los ojos, alarmada—. ¡Te lo advierto!
Falcon suspiró, como si tratara con una niña que se negaba a volver a casa.
—No te pongas así —dijo mientras seguía acercándose.
—¡Aléjate de mí! —gritó Naomi.
La voz le temblaba y, esta vez, ya no pudo ocultar el miedo. Las lágrimas se le agolpaban en los ojos, a punto de derramarse.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Mes Que Fuimos Verdad
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...