—¿Adónde me llevas? —preguntó Naomi con la mirada fija y severa.
El hombre a su lado, don Falcon, la miró de reojo y le dedicó una sonrisa.
—Tranquila. ¿Tantas ganas tienes de bajarte del auto y quedarte a solas conmigo?
Naomi suspiró con desprecio.
—¡Eres un imbécil sin remedio!
Falcon se rio.
—Maldíceme todo lo que quieras, Naomi. Nadie va a venir a salvarte. Ni siquiera Chris. ¿O... Cale? De seguro está ocupado buscando a su esposa. No a ti.
Sintió una mezcla abrumadora de irritación y furia. Sin embargo, las palabras de Falcon no estaban del todo equivocadas. Era imposible que Chris supiera lo que le había pasado.
Y por supuesto, el señor Miller salvaría primero a la señora Lydia. Eso no significaba que ella quisiera quedarse sin rescate, solo que...
Para Cale, Lydia era la prioridad. Naomi no quería que nada malo le ocurriera a una mujer tan bondadosa.
En lugar de discutir con Falcon, quien parecía esperar a ver qué más diría, prefirió clavar la mirada en el camino por el que avanzaban. Cuanto más observaba, más claro tenía que probablemente ya habían dejado muy atrás el centro de Portclair. Esto se hizo aún más evidente cuando el auto negro en el que iban giró bruscamente hacia un camino estrecho flanqueado por hileras de árboles altos.
A medida que el auto avanzaba, cualquier rastro de civilización desaparecía. Ya no se veían casas. El asfalto liso por el que venían dio paso a un camino pedregoso y desigual.
Las violentas sacudidas del auto hacían que Naomi se golpeara las manos, aún fuertemente atadas frente al cuerpo, contra el lateral del asiento, lo que le provocaba un dolor punzante. Se negó a quejarse, aunque empezaba a perder la sensibilidad en las muñecas.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Mes Que Fuimos Verdad
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...