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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 124

—Voy a asegurarme de que Daven nunca más me ignore —dijo Vanessa con calma y seguridad mientras entraba al salón de banquetes.

El salón privado en el último piso del hotel cinco estrellas irradiaba calidez y exclusividad. La luz tenue de los candelabros de cristal bañaba las copas de vino y la vajilla dispuesta con precisión. Desde un rincón del salón flotaba jazz clásico; solo un pianista y un saxofonista tocando en armonía perfecta. Sutil, refinado. Lo justo para acompañar una conversación ligera sin romper la elegante quietud.

Vanessa sabía que su padre había llegado antes que ella. Un mesero la guio hacia uno de los sofás del vestíbulo para que esperara. Su padre aún conversaba con su asistente, absorto en lo que parecía ser algo importante. Vanessa no quiso interrumpir. Además, los invitados todavía no llegaban.

La velada no estaba pensada como un evento público: sin prensa, sin cámaras. Solo una cena íntima, organizada en privado por los familiares más cercanos de Vanessa y Daven.

Con un vestido de satín azul profundo que caía con gracia alrededor de su figura, Vanessa lucía deslumbrante sin resultar ostentosa. Estaba sentada con calma, entretenida con el celular, cuando apareció un mensaje de James.

James: “Señorita, acabo de enterarme de algo. Daven hizo una donación importante a un jardín de infantes. Ha estado en Solaviz todo este tiempo. Tenía trabajo, sí, pero visitó la escuela con bastante frecuencia. Le envié las fotos. Véalas usted misma”.

Vanessa revisó las imágenes. En la primera, Daven estaba de pie frente a la entrada de la escuela con una camisa casual de botones. En otra, hablaba con la directora. Luego había una foto de él agachado entre un grupo de niños, con sus caritas radiantes de alegría.

La sonrisa de Daven la desarmó.

Era genuina. Tranquila. No la sonrisa ensayada que solía llevar en público.

Y sus ojos... podía ver felicidad en ellos.

¿Qué estaba haciendo ahí realmente? ¿Jugando con niños? ¿En un jardín de infantes? ¿Por qué justo ahora, cuando su matrimonio pendía de un hilo?

—¿Todavía no llegan? —La voz de Theo la sobresaltó.

—Todavía no, papá —respondió Vanessa, forzando un tono sereno—. Pero seguro llegan en cualquier momento.

—Bien —murmuró Theo—. Si esta cena se arruina otra vez, más te vale tener una buena explicación. Los rumores que están por ahí hacen parecer que tu matrimonio está en serios problemas.

Vanessa guardó silencio. Mentirle a su padre nunca era prudente, pero tal vez podría usar la situación a su favor.

—Daven prometió que vendría esta noche. Además, ahora mismo está con mi suegra.

—Bueno, eso me tranquiliza —dijo Theo, aceptando una copa de vino de un mesero que pasaba. Le dio un sorbo lento, saboreándolo mientras le calentaba la garganta—. El vino de aquí es realmente el mejor.

—Me alegra que te guste, papi.

Mientras el piano seguía sonando suavemente de fondo, Vanessa tomó su celular otra vez. Su mirada se detuvo en la última foto que James le había enviado, más tiempo que en las demás. Daven estaba solo en el patio de la escuela, mirando directo a la cámara, como si supiera que alguien lo observaba.

Una cosa era clara: Daven ocultaba algo.

Y el instinto de Vanessa le decía que no era algo menor.

Pero ¿qué? Necesitaba averiguarlo. No podía permitir que eso siguiera carcomiéndola.

Vanessa respondió con una sonrisa suave.

—Solo estamos disfrutando este momento en familia, papá.

Daven no dijo nada. Ni siquiera intentó participar en la charla superficial. A menos que el tema fuera de negocios, permanecía en silencio, distante.

La llegada del plato fuerte les dio a todos un respiro de la tensión. La conversación giró hacia temas más ligeros: el crecimiento reciente del Grupo Blake, la influencia de Theo Blake en la economía de Aethelis y el éxito continuo de los negocios de la familia Callister.

Pero cuando retiraron el segundo plato de la mesa, Theo habló de nuevo.

—Vanessa, Daven —dijo, con una voz que cortó la calidez residual e introdujo una nota inequívoca de incomodidad.

Pero a Theo no le importó. Necesitaba saber qué estaba pasando realmente.

—Quiero hablar. Sobre todo con ustedes dos. —Dejó la cuchara con deliberación—. Es mejor que ambos sean honestos conmigo para que pueda entender exactamente qué está sucediendo aquí.

Paseó la mirada entre ellos, deteniéndose en cada cara.

—No como Theo Blake, el empresario. Sino como un padre que intenta entender. —Tomó aire—. ¿De verdad están bien? ¿O debería empezar a creerme los rumores que he estado escuchando?

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