Capítulo 150
-Señor Daven. -Arven entró al departamento con una taza del café favorito de su jefe. Por suerte, Solaviz tenía una cafetería lo bastante buena como para volverse su lugar fijo. Daven era notoriamente exigente con el café.
-¿Ya llegaste? -Daven bajó las escaleras con su paso seguro de siempre, una bolsa de papel colgando de su mano; adentro, la sudadera de Josh. Le habría gustado quedarse un rato más a solas antes de volver a Aethelis.
Para esa tarde ya estarían en camino. Los pendientes en Solaviz estaban casi resueltos:
faltaba una última reunión de rutina antes de que arrancara la primera fase de trabajo. Pasaría al menos un mes antes de que regresaran a revisar el avance del proyecto.
-¿No me pidió que viniera más temprano? Dijo que después de ver a Josh quería manejar a Aethelis. Además, tiene una reunión en línea a la que necesita conectarse.
Daven chasqueó la lengua con fastidio.
-Entonces preparé todo como siempre. Por si quería cambios, así los resolvía en el momento.- Arven lo observó con el ceño fruncido, desconcertado-. ¿Dije algo malo?
Era, después de todo, su rutina habitual:
anticiparse a cada movimiento de Daven, asegurarse de que todo fuera impecable.
Entonces, ¿por qué su jefe lo miraba así, con esa mirada indescifrable?
-No -respondió Daven al fin-. Siempre has sido impecable en tu trabajo.
-Gracias. -Todavía confundido, Arven solo pudo responder con cortesía-. Bueno, disfrute su café, señor Daven. Lo espero cuando esté listo.
Cuando Arven lo dejó solo en el amplio departamento, Daven se volvió hacia los ventanales y se quedó mirando Solaviz desde las alturas, como solía hacerlo. Abajo, la actividad matutina hervía: calles concurridas, aunque el claxon de los autos era mucho menos frecuente que en Aethelis. La ciudad tenía su propio ritmo, animado pero sin caos.
"¿Será por esto que Althea se siente tan cómoda viviendo aquí?" Le dio un sorbo al café. "Sí... por su forma de ser, este lugar le queda bien".
Una brisa suave se coló por la ventana entreabierta y le rozó el rostro. El murmullo tenue de la ciudad fue apagándose, reemplazado por la quietud. Silencio.
Y en esa calma, sus pensamientos se concentraron en una sola posibilidad de la que no podía desprenderse: Josh podría ser su hijo biológico.
Habría mentido si dijera que no había pensado en aquella noche. La noche en que Althea se convirtió de verdad en su esposa. La mujer con la que se había casado sin tocarla jamás, la que había soportado su fría indiferencia por culpa de una promesa estúpida; todo cambió en un solo instante. Aunque fue breve, recordaba con exactitud lo que habían hecho esa noche.
Para Daven, no era la primera vez que pasaba la noche con una mujer. Pero para Althea, había sido su primera vez... con un hombre.
Y si aquella noche había producido cierto resultado, necesitaba encontrar la manera de hacer suyo ese "resultado". Aunque...
"¿Qué se supone que haga, Althea?" Cerró los ojos con fuerza. "¿Por qué me hiciste esto?" Maldito imbécil. Daven se insultó por dentro, aunque el golpe iba dirigido hacia sí mismo.
¿Cómo podía tener pensamientos tan egoístas después de todo lo que le había hecho a Althea?
Si Josh era en verdad su hijo, ¿no debería haber pensado en lo que fue aquello para Althea en ese entonces? Cargar con su hijo. Dar a luz sola, sin familia a su lado. Vivir en una ciudad desconocida como Solaviz. Criar a Josh todos esos años, sola.
Sin su ayuda, sin pedirle nada, sin siquiera rozar su vida, como si fueran dos extraños que nunca hubieran compartido nada.
Se le escapó una risa seca. "Sí... tienes razón.


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