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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 16

Daven se sentó a la mesa cerca de la cocina mientras el aroma del queso derretido dominaba sus sentidos. No le quitó la mirada de encima ni un segundo. Observó a Althea moverse por la cocina con rapidez y precisión, como si ese fuera su lugar. Cada movimiento era fluido, sin esfuerzo. Como si fuera su espacio personal, como si ahí encontrara consuelo.

—Eres muy buena en esto —comentó él, rompiendo el silencio.

Althea lo miró por encima del hombro y parpadeó.

—¿Buena?

—En la cocina.

Rio entre dientes, un tanto sorprendida.

—He practicado bastante —respondió mientras se volvía hacia la estufa. Althea volvió a reír con suavidad—. Me gusta cocinar. Me hace feliz convertir ingredientes sencillos en algo rico... sobre todo cuando alguien más lo disfruta.

Ah, se le había olvidado; a Daven no le gustaba que hablara de más.

—Perdón, Daven —murmuró, interrumpiéndose.

—¿Por qué te disculpas? —preguntó él con una sonrisa burlona—. Sigue hablando si quieres.

—¿Qué pasó con las discusiones de la fusión con la empresa ayer? —preguntó de pronto, sin voltear a verlo—. ¿Ya tomaron una decisión?

Daven arqueó una ceja ligeramente.

—Has estado pendiente de las noticias, ¿verdad?

Althea solo se encogió de hombros. La comida ya estaba lista y le puso el plato enfrente.

—Que lo disfrutes.

—El problema no fue la propuesta de fusión —dijo Daven mientras cortaba el omelet—. Es la junta. Son demasiado conservadores.

Le dio un bocado pausado. El puro aroma ya le había abierto el apetito y ahora, con el primer sabor, le quedó claro: era lo que necesitaba

—Está muy bueno, Althea. En serio sabes cocinar.

Ella sonrió.

—Gracias por el cumplido. —Le sirvió un vaso de agua y lo puso en la mesa—. Estoy segura de que encontrarás la forma de convencerlos.

Daven dio otro bocado.

—Tal vez.

Le sostuvo la mirada, firme y sin dudar.

—Si lo ves como desesperación o falta de orgullo... no voy a discutir. Porque es mi elección. Mi decisión.

El silencio se tensó entre los dos hasta que Daven se movió.

Su mano grande sujetó la cara de Althea; lo suficientemente fuerte para que ella abriera los ojos con asombro.

Sintió su aliento cerca, caliente sobre su piel, y entonces el beso cayó como una tormenta. Rudo. Implacable. Se estrelló contra ella como una ola, sin darle espacio ni dudar.

Althea gritó y su cuerpo se estremeció por la intensidad. Daven la besaba como si intentara borrar cualquier rastro de duda. No había nada de ternura en el beso, nada... como para recordarle que eso era lo que ella había pedido. No él.

Dolía. Dios, cómo dolía. Pero se obligó a responderle. Sus dedos se aferraron a la orilla de la silla, intentando estabilizarse mientras se le cortaba la respiración.

Solo cuando Daven se apartó un poco, apenas lo suficiente para dejarla respirar, pudo por fin recuperar el aire, con la respiración temblorosa y entrecortada.

Pero antes de que pudiera poner en orden sus pensamientos, él bajó la voz y le habló al oído con una advertencia ardiente.

—Esta noche... va a ser una noche muy larga para ti.

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