—¿Todavía no puedo volver a casa? —preguntó Althea en voz baja, ya sentada en el auto de Chase mientras regresaban a la residencia Miller. Desde que su nombre se vio arrastrado al escándalo de Daven y Vanessa, le pidieron que se quedara con la familia de Chase.
Pero, ¿no se estaba alargando demasiado?
—¿Te molesta? —Chase le lanzó una mirada juguetona de reojo.
—No es eso. —Althea exhaló despacio—. Es solo que... mientras más tiempo me quedo en casa de tu familia, más me preocupa ser una carga.
Chase suspiró.
—No tienes que preocuparte por eso. Mis papás nunca lo han visto así. Al contrario, les encanta tenerte a ti y a Josh ahí. En serio.
Antes de que Althea pudiera responder, el robot de juguete de Josh intervino con su voz mecánica, rompiendo la tensión del momento. En el asiento trasero, Josh seguía absorto con el robot que Daven le regaló, ajeno por completo a la corriente que fluía entre su mamá y Chase.
—¿Ves? Hasta Josh quiere volver a casa del abuelito. ¿Verdad, Josh?
Josh bajó el volumen del robot.
—¿Me hablan a mí?
—Sí. ¿Te gusta quedarte en mi casa, Josh?
—¡Claro! Sobre todo porque puedo ver a Leo y a Nyu. El abuelito me deja darles de comer todas las mañanas. ¡Jamás olvidaría mi deber!
—Qué bien.
—Mami, en los juegos de hoy jugamos un montón de cosas —dijo Josh, rebosante de emoción.
Althea se sintió en una encrucijada. No podía callar a su hijo cuando quería contarle de su día, la mayor parte del cual transcurrió con Daven. Pero con Chase sentado a su lado, tampoco podía ignorar cuánto podía dolerle cada palabra.
—¿Qué juegos jugaron? ¿Los mismos que probamos antes? —preguntó Chase, tratando de mantener el ambiente ligero. De reojo notó que Althea guardaba silencio, como si cargara algo que no se atrevía a decir.
—¡Ah, algunos de esos! Pero también jugué a disparar zombis con el señor Guapo. ¡Y carreras, de autos y de motos! ¡Y boliche también! ¿Y sabes qué, tío Chase? ¡Casi gano!
Althea no dijo nada. Tenía la mirada fija en las calles iluminadas al otro lado de la ventana. Sus dedos retorcían la tela de su falda, resistiendo las emociones que la asaltaban cada vez que Josh mencionaba a Daven.
—Guau. —Chase abrió mucho los ojos, fingiendo asombro—. Eso es increíble, Josh. Eres todo un experto.
Josh se infló de orgullo y luego alzó su robot nuevo.
—Pero lo mejor de todo fue esto. El señor Guapo me regaló este robot genial. Camina solo, se le prenden luces por todo el cuerpo, y lo más genial es que obedece mis órdenes. Si le digo “¡Avanza!”, camina. Si le digo “¡Alto!”, se detiene.
El robot volvió a activarse, lanzando destellos de luz y llenando el auto con alegres sonidos electrónicos.
—Eso es genial —dijo Chase con un gesto de aprobación—. Seguro te encanta.
—¡Sí, tío Chase! El señor Guapo sabe lo que me gusta. Es como si... me conociera de toda la vida. ¿Ya lo habré visto antes?
Las palabras inocentes golpearon a Althea como una puñalada. Se cubrió la boca con la mano, fingiendo reacomodarse en el asiento para disimular el temblor que le recorrió la cara.
Chase la miró un instante antes de volver la mirada al camino. No comentó nada sobre lo que Josh dijo y le respondió al niño con calma.
—Entonces cuida muy bien ese robot, Josh. No dejes que se rompa.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...