Capítulo 251 -Señor Daven. -Arven entró a la oficina del CEO.
Daven Callister seguía sepultado bajo una montaña de papeleo, consecuencia de la agenda apretada que tuvieron fuera de Aethelis.
Al entrar, la mirada de Arven se desvió hacia la esquina de la oficina donde Josh y Kate estaban sentados juntos. Sus risas resonaban ligeras y sin reservas, Ilenando el espacio.
Era difícil saber si se debía a que Josh era un niño alegre y sociable, o a que el vínculo entre abuela y nieto era imposible de negar por más que se intentara ocultar. Ninguno de los dos decía la verdad en voz alta, pero su forma de interactuar transmitía una calidez que hablaba más fuerte que las palabras.
Cerca de ellos, Beni permanecía alerta, con su presencia vigilante y firme. Arven lo entendía. No importaba quién diera las órdenes: el trabajo de Beni era sencillo, mantener a Josh a salvo hasta que volviera con Althea y Chase.
-¿Qué pasa? -preguntó Daven, quitándose los lentes y frotándose el puente de la nariz, con el cansancio marcado en las facciones-. No me digas que vienes a cargarme más trabajo, Arven.
Si es así...
-Claro que no. -Arven sonrió abiertamente-. Ya reservé un restaurante privado en la Calle LangLay. En cuanto al menú, solo espero que al señorito Josh no le moleste. La señorita Althea hizo un pedido muy específico: nada de pasta ni pizza para el almuerzo.
Daven dejó escapar una risa discreta.
-Me parece justo. Si Althea puso una regla, será mejor no romperla. -Empujó la silla hacia atrás y se puso de pie-. Vamos, almorcemos juntos.
Estoy seguro de que mi madre no se opondrá.
Hace demasiado que no comparto una comida con ella.
-Sí, señor. Ya le pedí al chofer que esté listo.
Arven lo siguió, reduciendo un poco el paso al notar que la mirada de su jefe se detenía en la mesa donde Josh y Kate estaban sentados.
Daven no podía apartar los ojos. Los dos, abuela y nieto, conversaban con soltura, reían felices. De vez en cuando, Josh se recargaba en el toque gentil de Kate, absorbiendo su cariño, mientras ella le dedicaba palabras de elogio que le iluminaban la cara.
Si tan solo hubiera alguien más sentado en esa mesa.
¿Vanessa Blake?
No. Esta vez no. En su mente, era Althea. La imaginó ahí, frente a su madre y Josh. La imaginó sentada con ellos, sumándosea la conversación.
Respaldaría las palabras de Kate y le respondería a Josh con esa paciencia cálida y amorosa que solo ella tenía.
Y en esa visión, su madre no mostraría ni un rastro de resentimiento hacia Althea. Sin asperezas. Solo amabilidad. Solo el afecto de una mujer que la veía no como una extraña, sino como una hija.
Dios, cuánto deseaba eso.



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