Capítulo 320
Esa noche, una lluvia torrencial cayó sobre Solaviz.
El cielo estaba oscuro, los truenos retumbaban a lo lejos y los relámpagos iluminaban por instantes las calles.
Dentro del cálido cuarto de juegos, Daven dormía profundamente sobre la alfombra; Josh se acurrucaba contra su pecho y Grace descansaba a salvo entre sus brazos.
Althea se quedó de pie en el umbral, observándolos con una presión que no sabía cómo nombrar.
Se acercó y susurró con suavidad:
-Daven...
Él se removió, parpadeando atontado, con la voz baja y áspera por el sueño.
-¿Mmm? ¿Qué hora es?
-Casi las once -murmuró ella-. Te volviste a quedar dormido.
Bajó la mirada hacia los dos niños que reposaban sobre él y sonrió apenas.
-Parece que esta noche me ganaron.
-Te quedaste trabajando hasta tarde otra vez, ¿no?
-Solo un poco -dijo con tono casual-. Josh quería que lo ayudara a construir un cohete de cartón. No fui lo bastante rápido, así que... supongo que este es mi castigo.
Althea suspiró bajito, tomó una manta y los cubrió con ella.
-No tienes que seguir haciendo esto, Daven. Yo puedo encargarme de ellos.
Daven la miró, los ojos serenos y cálidos.
-Lo sé. Pero quiero hacerlo.
-Estás agotado.
-Sí -dijo, y la voz le bajó a un susurro tierno-, pero es un cansancio que se siente bien. Ellos son lo mejor de mi día.
El silencio se prolongó: solo el sonido constante de la lluvia llenaba la habitación.
-Por lo menos pásate al sofá -dijo ella en voz baja -. El piso está frío.
-Si me muevo, Grace se va a despertar.
-Yo la cargo.
Negó con la cabeza y estrechó un poco más a la bebé contra su cuerpo.
-No, déjala. Te vas a cansar. Estoy bien aquí.
Althea bajó la mirada y una sonrisa le tiró de los labios.
-Eres muy terco.
-Pensé que solo era algo de Josh.
A ella le brillaron los ojos con emoción.
-Tal vez también la sacó de su padre.
***
Por la mañana, la lluvia no había parado. Caía con más fuerza, golpeteando las ventanas mientras el cielo gris se tragaba la luz.
Daven se frotó los ojos, mirando el celular con expresión medio aturdida.
-Las calles están inundadas. Cerraron todos los caminos hacia mi casa.
Althea, ocupada en la estufa, se volvió hacia él.
-¿No puedes irte a casa?
-No por unas cuantas horas más.
Josh, que se llevaba cucharadas de cereal a la boca, se animó al instante.
-¡Eso significa que papá se queda otra vez!
Althea le lanzó una mirada.
-Josh...
-Pero está bien, ¿verdad, mami? -preguntó con ojos muy abiertos y llenos de esperanza-. ¡Hoy papá me puede ayudar a construir el avión!
Daven rio.
-Solo si mami acepta.
Althea suspiró.
-Solo por ahora. Hasta que mejore el clima.
Él asintió.
-Gracias.
Grace se rio desde su silla alta y estiró las manitas hacia él.
-¿Ves? -dijo Althea con suavidad-. Hasta Grace sabe quién es el más consentido por aquí.
-Es una niña inteligente -respondió Daven, mientras la alzaba y la sentaba en su regazo-. Lo bastante lista para escoger a su persona favorita.
Althea le dirigió una mirada de reojo.
-O quizá solo es buena leyendo corazones.
Él le sostuvo la mirada un largo momento antes de murmurar:
-Espero que no. Porque yo todavía estoy tratando de entender el mío.
***
La lluvia seguía sin parar al mediodía. Daven estaba sentado con Josh en la sala, ayudándolo a armar un avión en miniatura, mientras Althea trabajaba en silencio junto a la chimenea, cosiendo uno de los vestiditos de Grace.
-¡Papá! -exclamó Josh con orgullo-. ¡Mira!
¡Pegué las alas yo solito!
-Eso es increíble, capitán Josh.
-Cuando sea grande, quiero trabajar contigo, papá.


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