Capítulo 327
-¡Papi, apúrate! ¡Grace quiere caminar sola!
La voz de Josh resonó desde la sala, seguida por la risa dulce y burbujeante de la niña de dos años que se ponía de pie tambaleándose, con ambas manitas aferradas al sofá.
Daven llegó trotando desde la cocina.
-Vaya, ¿son sus primeros pasos?
Josh asintió con entusiasmo.
-¡Sí! ¡Mira, papi, lo está logrando!
Daven se agachó frente a Grace y le abrió los brazos.
-Vamos, princesa. Ven hacia acá. Papá te espera.
Grace se rio, se separó del sofá y avanzó tambaleándose con piernas inseguras, un paso, dos pasos, antes de caer de cabeza en los brazos de Daven.
Althea, parada en el umbral, sonrió suavemente.
-Hasta lograste hacerla caminar antes de que pudiera grabarlo.
Daven se volteó hacia ella con la mirada cálida.
-Puedo repetir la escena si quieres.
Josh estalló en carcajadas.
-¡Papi puede hacer que Grace camine dos veces!
Althea se acercó y le revolvió el cabello a su hijo.
-Los consientes demasiado, Daven.
-Si yo no lo hago, ¿quién? -respondió él sin darle peso-. Estuviste ocupada toda la mañana, y Grace no deja de esperar tu voz. Pero cuando no estás, me buscan a mí.
Althea lo miró un momento, con la mirada suave.
-En serio están muy apegados a ti.
Daven sonrió apenas.
-El afortunado soy yo. Me dejan estar cerca.
-No solo ellos -murmuró Althea, casi en un
susurro-. Yo también...
Sus palabras se apagaron. Bajó la mirada enseguida y tomó el biberón de Grace de la mesa.
Daven no insistió. Solo la observó con una comprensión callada; sus ojos decían lo que las palabras no podían.
Esa tarde, la casa olía al caldo de pollo tibio que se cocinaba a fuego lento en la estufa. Daven acababa de llegar de la sucursal: corbata floja, cara cansada pero viva.
-Llegas justo a tiempo -dijo Althea mientras ponía los platos-. Josh casi se come todo él solo.
Josh levantó la mano con orgullo.
-¡Papá tiene que ser rápido! Si no, ¡también me como tu parte!
Daven rio entre dientes y separó una silla.
-Sin duda vas a ser el futuro campeón de comer rápido.
Grace, sentada en su silla alta, se reía y golpeaba la mesa con ambas manos.
-Está feliz de verte -dijo Althea con una sonrisa -. Cada vez que oye que se abre la puerta, alza la mirada en el acto.
-Es como tú cuando esperas a alguien -respondió Daven sin pensarlo.
-No digas eso -lo interrumpió Althea con suavidad-. Sabes lo mucho que odio perder a alguien.
Hubo un silencio entre los dos. La luz de la sala les iluminaba el rostro; estaban tan cerca que apenas
los separaba un aliento.
-Te lo prometo -dijo Daven al fin-. Mientras todavía quieras verme, siempre voy a regresar.
Althea sonrió apenas, con los ojos brillándole.
-¿Sabes...? Chase me dijo lo mismo una vez.
Daven bajó la mirada.
-No estoy intentando reemplazarlo, Thea.
-Lo sé -susurró ella-. Pero quizá...fue él quien te trajo hasta acá.
Volvió a caer otro silencio, roto solo por el tictac del reloj y el ritmo pausado de la respiración de Josh entre los dos.
Daven extendió la mano y le rozó el dorso de la suya con los dedos.
-Gracias... por dejarme quedarme.
Althea no se apartó. Lo miró un largo rato antes de murmurar, casi inaudible:
-Quizá... no quiero que te vayas.
Afuera, la lluvia comenzó a caer en una llovizna suave, golpeteando con delicadeza contra la
ventana. Daven le sostuvo la mirada una vez más y susurró:
-Entonces déjame quedarme.
Y esa noche, sin necesidad de otra palabra, ambos lo supieron: el amor que alguna vez quedó sepultado bajo el dolor había empezado a florecer de nuevo.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...