Capítulo 409
—Cuidado al subir —dijo Nathan mientras Riana se disponía a entrar al auto. Repitió lo mismo a Althea y a Josh.
Nathan ocupó el asiento del copiloto junto a Erick, mientras otro vehículo los seguía de cerca como escolta. Lo que acababa de ocurrir solo aumentó su cautela; no iba a permitir que algo así volviera а suceder.
El auto se alejó del hospital con lentitud. El atardecer aún no había caído del todo, pero el cielo ya tenía un tono violeta oscuro. Dentro del auto, el silencio se extendía, cargado de emociones que aún no se aplacaban.
Riana se apoyó en el respaldo y suspiró largamente.
—No me agrada esa mujer —dijo al fin, sin rodeos —. La forma en que habla, la forma en que mira a la gente, la forma en que reacciona ante todo... ay.
Todo en ella me incomoda.
Nathan le echó un breve vistazo por el retrovisor para hacerle saber que la había escuchado, y luego volvió la mirada al camino.
—Lo sé —respondió con calma—. Y a mí tampoco me cae bien. Pero tenemos que ser pacientes.
—¿Pacientes hasta cuándo? —respondió Riana—.
Es obvio que está buscando dar lástima y hacernos quedar como los crueles.
Nathan exhaló.
—Hasta que sepamos exactamente quiénes son Selena y Eli en realidad. Hasta que Cale nos dé un informe completo. Las emociones no nos van a servir ahora. Creo que Cale tiene razón; no podemos actuar de manera imprudente.
Desde el asiento trasero, Althea escuchaba en silencio. Le tomó la mano a su suegra y se la apretó con suavidad.
—Papá tiene razón, mamá —dijo en voz baja—. А mí también me incomoda, pero Selena quiere una reacción de nosotros. Si mordemos el anzuelo, ella es la que sale ganando.
Josh dejó escapar un resoplido de frustración.
—Por cómo habla... es como si dijera que mamá...
como si mamá le hubiera quitado algo —dijo, sin poder ocultar su irritación—. No me gusta cómo te arrinconó frente a todos.
Althea volteó a ver a su hijo.
—Lo sé —dijo en voz baja—. Y gracias por defenderme. Pero por ahora, trata de guardarte ese enojo, ¿sí? —Le acarició la cabeza con ternura.
Josh apretó la mandíbula.
—Es que no entiendo. ¿Quiénes son Selena y Eli, en realidad? ¿Por qué aparecieron y de un día para otro lo pusieron todo de cabeza?
Nathan miró a Josh por el retrovisor y se encontró con su mirada, aguda, interrogante, mucho más madura de lo esperable para su edad. No era una mirada que exigiera respuestas al momento, sino una que pedía honestidad. Y eso fue precisamente lo que hizo dudar a Nathan.
Miró a Riana y a Althea, como buscando su consentimiento. Las dos guardaron silencio. Al final, Riana asintió; no era un sí para explicarlo todo en ese momento, sino una señal de que entendía por qué su esposo se guardaba.
Nathan respiró hondo. Su mente corría a toda velocidad; no por lo que iba a decir, sino por lo que un niño aún no debería tener que escuchar en un momento así. Josh era listo, demasiado listo. Una vez que oyera la verdad, él sacaría sus propias conclusiones, conectando fragmentos que todavía no estaban listos para formar un todo.

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