Capítulo 417
Josh asintió, orgulloso pero tratando de no presumir.
—Estudié más que de costumbre. Esta semana fue la evaluación final.
—Estoy orgulloso de ti —dijo Daven con sinceridad —. Solo no olvides descansar.
Grace no quería quedarse fuera.
—Yo puedo leer dos páginas enteras sin parar.
—¿Dos páginas? —Daven la miró con dramatismo —. Eso es un logro enorme.
Desde el otro lado de la mesa, Althea los observaba.
La manera en que Daven escuchaba cada historia que sus hijos le contaban siempre hacía que la casa se sintiera completa. Sabía que, fuera de esas paredes, su esposo contenía una tormenta. Pero en cuanto cruzaba el umbral, Daven elegía ser, antes que nada, un padre presente y atento.
La noche se fue asentando despacio.
Después de que terminaron los cuentos y de que recogieron los platos, Daven acompañó a los niños
hasta sus cuartos. Josh ya estaba demasiado grande para que le leyeran cuentos antes de dormir, pero se quedó en el umbral más tiempo del habitual.
—Papá —dijo en voz baja—. Pase lo que pase allá afuera, quiero que sepas que siempre vamos a apoyarte.
Daven le dio una palmadita en el hombro.
—Gracias, mi niño valiente.
Grace se durmió más rápido. Daven le acomodó la cobija, le dio un beso suave en la frente y cerró la puerta del cuarto con cuidado. Solo cuando la casa quedó en silencio se volvió hacia Althea.
—¿Me estabas esperando?
Althea sonrió apenas.
—¿Tú qué crees?
—¿Qué te parece el estudio... con algo de vino? — sugirió él en voz baja.
Althea sabía que había mucho que Daven quería decir y preguntar. Asintió y fue a traer lo que él pedía. Detrás de la puerta cerrada, Daven guardó silencio al principio. Se quitó el reloj, lo dejó sobre el escritorio y miró a su esposa por un largo momento, como si quisiera asegurarse de que ella estuviera bien.
—Cuéntame —dijo al fin. Se acercó y apoyó la frente en el hombro de Althea. Ella sintió un temblor sutil, como si él estuviera conteniendo las lágrimas—. Todo. Desde el principio.
Althea respiró hondo.
—No quería preocuparte —admitió con honestidad.
—Lo sé —respondió Daven–. Ahora necesito saber algo.
Empezó a contarle sobre el funeral, sobre la forma en que Selena hablaba y sobre cómo sus palabras siempre sonaban como súplicas de compasión envueltas en dolor. Sobre el dron. Sobre Eli empujando a Riana fuera del peligro. Y todo lo que pasó en el hospital.
No omitió nada. Ni un solo detalle.
Casi todo lo que Althea describió coincidía con el informe de Erick. Lo cual significaba que lo que ella decía era exactamente lo que había ocurrido. Daven escuchó sin interrumpir. La mandíbula se le tensó en ciertos puntos, pero se contuvo.
—Esa mujer no me cae bien —dijo Althea al fin—.
Hay algo en ella que no me cuadra.

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