Capítulo 423
—¿Hoy vas a ver a Eli? —Quiso confirmar Lydia.
Lydia acababa de dejarles un plato de fruta cortada a Josh y Riana. Temprano en la mañana, Grace y Althea ya habían salido de la casa. A Althea la habían invitado a la escuela de Grace para una actividad de cuentos con niños, algo que jamás se perdería.
Lydia también sabía que ese día Riana vería a Eli. En privado, sin Selena. Josh acompañaría a Riana porque no quería que su abuela fuera sola.
—Sí, así es —respondió Josh y tomó una rebanada de sandía. La fruta era de un rojo intenso y estaba dulce; a Josh le encantaba—. Gracias, tía Lydia. La sandía está buenísima.
Lydia sonrió y le alborotó el cabello.
—¿Te acuerdas? Siempre escogías las rebanadas de sandía más grandes cada vez que Chase iba a verte.
—Eso jamás se me olvidaría —dijo Josh, sonriendo —. Mis recuerdos con papi son los mejores.
Para las familias Miller y Callister, la muerte inesperada de Chase había dejado una herida profunda. Sin embargo, no había terminado de romperlos. La vida siguió su curso, mientras ellos cargaban el duelo en silencio. Con el tiempo, terminaron coincidiendo en recordar a Chase por su bondad y por los buenos recuerdos que nuncа perderían.
—Porque tú eres el hijo mayor de Chase, y él te quería muchísimo, Josh —añadió Riana con suavidad, sumándose a la charla de la mañana.
La mañana en casa de Riana transcurrió sin verdadera tensión. Todo parecía normal. Buena parte de la mañana pasó entre la charla despreocupada de Grace y Josh, y de vez en cuando Cale molestaba a Grace lo suficiente para que la pequeña hiciera un puchero. Chris y Daven no habían vuelto en los últimos días; Chris seguía en Rioverde, y Daven aún no regresaba de Aethelis.
Parecía que todavía tenían asuntos pendientes allá.
La luz del sol entraba suave por los grandes ventanales de la sala y dejaba un brillo cálido sobre el piso. No había movimientos frenéticos ni preparativos apresurados. El encuentro de ese día
no despertaba ansias. Se afrontaba con cuidado.
Riana estaba sentada en el sofá, con una blusa sencilla de color pastel. Tenía en las manos una taza de té que ya se enfriaba. A su lado, Josh estaba recostado contra el brazo del sofá, con una pierna doblada, tranquilo mientras comía con gusto la fruta que Lydia había preparado.
—Abuela —la llamó Josh en voz baja.
Riana se volvió hacia él con ternura.
—¿Sí, cariño?
—No estás...nerviosa, ¿verdad? —preguntó, curioso.
Riana negó.
—¿Por qué estaría nerviosa? No es algo tan importante como para que te preocupes.
Josh suspiró bajito.
—Solo quiero agradecerle a Eli —continuó Riana–.
Eso es todo.
—Porque te protegió aquel día —añadió Josh.
—Sí. —Riana le dio un sorbo a su té—. Y porque,
fueran cuales fueran sus intenciones, sigue siendo una niña que actuó sin pensar para salvar a otra persona. Solo espero que no se aprovechen de mis buenas intenciones.

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