Entrar Via

El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 427

Capítulo 427

—¿Tienes algo nuevo que reportarme? —preguntó Daven al entrar a la sala de juntas.

La sucursal del Grupo Callister en Aethelis era distinta de la sede de Solaviz, más austera y más funcional, sin la grandeza que solía rodear al nombre Callister. Ese lugar alguna vez fue la oficina principal de la empresa.

Con el tiempo, a medida que Daven pasaba más días en Solaviz, todo cambió. El edificio se redimensionó para funcionar como sucursal. Ya no era lujoso, pero aún tenía la respetabilidad suficiente para reflejar su influencia.

Daven apartó una silla en la cabecera de la mesa.

Dejó el saco bien colgado del respaldo y se arremangó la camisa hasta los codos. Frente a él, cinco directores regionales esperaban con sus tabletas y carpetas abiertas.

—No podemos seguir frenando el proyecto Bahía del Sur—comenzó uno de ellos—. Los costos de retención son demasiado altos. Los inversionistas empiezan a cuestionar la falta de avances.

Daven entrelazó los dedos y fijó la vista en las gráficas proyectadas en la pantalla.

—¿El problema principal son los permisos o el suministro?

—Ambos —respondió otro director enseguida—.

Hay una opción. Un esquema de desarrollo conjunto con un contratista local podría adelantar el cronograma casi cuatro meses.

Daven levantó una cejа.

—¿Qué contratista local? Si van a proponerlo, denme los nombres.

Mencionaron el nombre de la empresa. Daven la reconoció; no era una empresa grande, pero sí conocida por su reputación impecable. Ya antes le habían entregado buenos resultados al Grupo Callister una y otra vez.

—¿Los riesgos? —preguntó.

—El control de calidad —respondió el mismo director—. Proponemos supervisión directa del equipo central.

Daven asintió con calma.

—Tiene sentido.

La discusión continuó con proyectos de departamentos retrasados, una torre de oficinas que requería revisiones de diseño y un desarrollo de uso mixto que podía perder a su inquilino ancla.

Fueron surgiendo ideas, algunas audaces y otras cautelosas. Daven escuchaba, lanzaba preguntas precisas y anotaba los puntos clave. Se concentró por completo y evitó a propósito que sus pensamientos volvieran a Solaviz.

—Evaluaremos la propuesta de desarrollo conjunto —concluyó —. Quiero una simulación completa del impacto financiero en veinticuatro horas. Nada de suposiciones sin fundamento.

—Sí, señor Daven.

Cuando la reunión ya terminaba, su celular vibró en el bolsillo del saco. Daven se quedó mirando el número en la pantalla más de lo normal. Rara vez recibía llamadas desde números desconocidos. Aun así...

Estaba seguro de que llamaban del hospital. Daven se recompuso, terminó su última frase y se puso de pie.

—Continuamos mañana —dijo con sequedad–.

Gracias.

Cuando la puerta de la sala se cerró tras él, contestó la llamada.

—Sí.

—Señor —dijo alguien al otro lado en tono formal —. Llegaron los resultados.

Daven cerró los ojos un instante.

—Envíemelos ahora.

Caminó hacia la ventana y miró el tráfico denso de Aethelis. Las notificaciones llegaron una tras otra.

No era una sola, sino varias. Cinco adjuntos. Cinco hospitales distintos.

Deliberado. No había querido depender de una sola institución para algo tan delicado. Daven abrió el primer archivo. Luego el segundo. El tercero. Apretó la mandíbula. Lo releyó todo despacio, con cuidado, sin pasar por alto un solo detalle. El porcentaje de coincidencia. Las explicaciones de la metodología.

Las firmas digitales. Todo consistente.

—No —murmuró—. Esto no puede ser una coincidencia.

Abrió el último adjunto. El resultado fue el mismo.

Eli no era hija de Chase Miller.

La ira le llegó en silencio. No fue una explosión, sino una furia fría que se le metió en los huesos.

Daven inspiró hondo y cerró los ojos con fuerza.

Apretó el puño y luego relajó la mano.

Daven no era un hombre que perdiera el control.

Una mentira armada con tanto esmero, sin embargo, era un insulto.

—Cinco hospitales —murmuró para sí—, y todos dicen lo mismo.

Sin vacilar, buscó un nombre y llamó. Tenía que ser el primero en enterarse.

—Cale —dijo en cuanto se conectó la línea—.

Llegaron los resultados.

Cale sonó más cortante.

—¿Qué obtuvimos?

—Cinco a cero —respondió Daven—. Eli no es hija de Chase.

Hubo silencio del otro lado.

—¿Y Selena? —preguntó Cale.

—Su madre adoptiva —dijo Daven—. Crio a Eli desde que tenía un año; la adoptó legalmente. Algo no me cuadra. ¿Por qué esa mujer adoptaría a una niña? Ya le pedí a alguien que investigue mejor la vida de Selena en la Aldea del Bosque. Vivieron ahí un buen tiempo.

—Entonces esto no es un error —concluyó Cale—.

Es un montaje.

—Sí —respondió Daven—. Y acabo de solicitar una copia del expediente de adopción. Ahí hay un nombre que vamos a reconocer.

—¿Cuándo regresas?

—Lo antes posible —dijo Daven—. No pienso quedarme aquí ni un día más.

—Está bien —contestó Cale—. Me encargo de todo.

Daven cortó la llamada. Se irguió, tomó su saco y mandó llamar a uno de los empleados encargados de su agenda en Aethelis.

—Cancela mis compromisos de mañana —ordenó —. Resérvame un vuelo para esta noche. Vuelvo a Solaviz.

—Sí, señor.

Daven volvió a mirar el celular; los resultados de la prueba seguían en la pantalla. Por fuera seguía sereno, pero su mente estaba hecha un caos.

—¿De qué se trata todo esto? —murmuró—.¿Y quién se atrevería a armar una jugada tan compleja?

Algo era seguro. Esto no era el final. Apenas era el principio, y Daven no se detendría hasta llegar a la raíz de todo.

Histórico de leitura

No history.

Comentários

Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad