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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 460

Capítulo 460

—Chris, no te pases —advirtió Daven.

Chris giró la cabeza. Todavía tenía el puño suspendido en el aire, cerrado con fuerza, y una mancha de sangre visible en uno de los nudillos.

—¿Pasarme? —le dijo a Daven con desprecio—.

Esto no es nada.

Sin avisar, Chris lanzó otro puñetazo. ¡Pum!

Noel se tambaleó hacia un lado. La silla en la que estaba sentado raspó bruscamente el piso, chirrió y terminó volcándose. Nadie podía decir cuántas veces Chris lo había golpeado ya, pero ese puñetazo fue mucho más fuerte. Le dio en la mandíbula y le torció la cabeza hacia un lado hasta que chocó contra el borde de la mesa. El golpe sonó seco, helado, como algo que jamás debió ocurrir en una sala tan estéril.

—jAgh! —gimió Noel.

—¡¿TIENES IDEA DE LO QUE HICISTE?! —rugió Chris, y el grito retumbó en toda la sala—. ¡¿SABES LO QUE ESPERÁBAMOS QUE NOS DIJERAN ESOS

RESULTADOS?!

Noel jadeó, aturdido. Levantó las manos, no para defenderse, sino para cubrirse la cara y los dedos. El instinto se le adelantó a la razón. Sabía que resistirse solo lo empeoraría todo.

Chris no se detuvo. Chris le dio otro puñetazo en el hombro a Noel y lo hizo gritar.

—¡Esa prueba de ADN no era un dato cualquiera, MALDITO! —gritó Chris—. ¡Era un asunto de nuestra familia! Eres médico, ¿cómo no ibas a entender las consecuencias de falsificar algo así?

Noel volvió a gemir y se desplomó al piso. Sus rodillas golpearon el concreto frío y por un momento estuvo a punto de perder el conocimiento. Le temblaban las manos mientras se cubría la cabeza, protegiendo los dedos, su único medio de vida.

—Yo... yo solo seguía órdenes... —balbuceó Noel.

¡Bang!

Chris apartó la mesa de una patada y agarró a Noel por el cuello de la camisa para levantarle la cabeza.

El médico tenía la cara enrojecida, un labio partido y un raspón profundo cruzándole la sien. Pero a Chris no le importó. Estaba rojo de furia, con la mandíbula apretada.

No era una ira repentina; venía acumulando confusión, incredulidad y tormento. Habían pasado noches enteras cuestionándolo todo, preguntándose si Chase, el hermano que tanto querían, podía haber hecho algo tan imperdonable.

Y al final... todo había sido un montaje.

—Nos hiciste desconfiar de nuestra propia familia —dijo Chris, con la voz quebrada—. Manchaste el nombre de mi hermano sin pensar ni una sola vez en su legado. Pasamos incontables noches entre la duda y el miedo, preguntándonos si el Chase que conocíamos era capaz de algo tan vil.

Apretó el cuello de la camisa con más fuerza.

—Y todo eso —siseó— por una simple hoja falsificada.

Chris siguió golpeando a Noel sin pausa. No le importaron los gemidos ni las disculpas que Noel alcanzaba a balbucear. Chris no dejó de darle

Solo se oía la respiración pesada de Chris y quedaba el rastro de una furia que no se había disipado del todo. Caminó hasta un rincón de la sala, se dejó caer en una silla, se desabrochó los botones de la camisa y se limpió la sangre de las manos con asco.

—Maldito —murmuró.

Cale miró a Noel, inexpresivo. No había en sus ojos ni rastro de compasión. Para Cale, Noel se lo merecía. De hecho, Noel debía darse por afortunado de que solo Chris lo hubiera golpeado; Cale ni siquiera había intervenido para escarmentarlo.

—Levántate —le ordenó Cale a Noel, que seguía tirado y adolorido—. Es hora de que hablemos.

Acercó una silla y tomó asiento.

Noel apenas pudo levantar la mirada. Nunca en su vida lo habían golpeado así. Le dolía todo el cuerpo y no sentía la mano derecha; no sabía si estaba rota o solo muy hinchada por la patada de Chris.

—¿No puedes levantarte? —preguntó Cale, sonriendo.

—Sí... sí puedo. Ya me levanto —dijo Noel con un gemido de dolor.

No se atrevía a desobedecer a Cale. Cale le daba mucho más miedo que los puños de Chris. Noel no quería soportar otra golpiza. Con esta ya tenía más que suficiente.

Así que se forzó a ponerse de pie, se tambaleó hasta una silla cercana y se sentó con torpeza. Ignoró la sangre en los labios, el corte fresco en la sien y el dolor que le recorría todo el cuerpo.

—Entonces... ¿qué más quieres preguntarme?

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