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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 461

Capítulo 461

Todos se volvieron a quedar en silencio con la pregunta de Noel. Los tubos fluorescentes se reflejaban en la mesa de acero y le iluminaban la cara pálida con una claridad brutal, sin lugar donde esconderse ni sombra que aún lo protegiera.

Cale se cruzó de brazos.

—Ahora cuéntamelo todo —dijo sin emoción—. No te guardes nada. Quiero saber por qué todo termina apuntando siempre a Harold.

Noel tragó saliva. Respiraba con dificultad.

—Ya se los dije, ¿no?

—No todo. —Cale endureció la sonrisa mientras acercaba la silla—. ¿O quieres averiguar cómo te saco yo la información?

—N—no, señor Miller —tartamudeó Noel, asustado, mientras negaba sin parar. Le bastó mirar a Cale para convencerse de que ese hombre era mucho más peligroso y capaz de hacerlo sufrir peor de lo que ya había padecido.

—Quizá porque... —susurró Noel— desde el

principio... todo esto fue su plan.

Daven clavó los ojos en él, frío.

—¿Qué plan?

—Un plan a largo plazo —respondió Noel entre titubeos—. Dios, ni siquiera sé cómo explicarlo...

—¡Carajo! —estalló Cale, impaciente—. ¡No me hagas perder la paciencia!

—¡Harold! —dijo Noel, sobresaltado por el grito de Cale—. Él nunca trabaja solo. Haga lo que haga, siempre se asegura de no dejar rastro.

Cale esbozó una sonrisa sin rastro de humor.

—¿Y aceptaste convertirte en uno de sus peones?

Noel agachó la cabeza, inquieto.

—Mi hijo le debe la vida.

La sala pareció cerrarse en torno a ellos.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Daven, con la mandíbula apretada.

Noel respiró hondo, como si volviera a abrir una herida vieja.

—Hace siete años mi hijo se enfermó. Insuficiencia renal. Necesitábamos un donante, una enorme cantidad de dinero y tratamiento urgente, porque en ese entonces... — Noel agachó más la cabezayo no ganaba lo suficiente como médico para asegurar el futuro de mi familia. Vendí todo lo que tenía, la casa y los ahorros. Nada era suficiente.

Cale se inclinó hacia adelante.

—Y apareció Harold.

—Sí —murmuró Noel—. Pagó la cirugía, trasladó a mi hijo al extranjero y se hizo cargo de todo el papeleo médico. Sin él... mi hijo habría muerto.

Daven apretó los puños.

—¿Así que, a cambio, falsificaste datos médicos?

—No solo eso —admitió Noel, tembloroso—.

Harold usó mi cargo de jefe del hospital de NorthValle. Antes de que me transfirieran al Hospital de Solaviz, como recompensa por lo que llamaron mi "excelente desempeño" en NorthValle.

17

—¿Qué le diste a Harold? —preguntó Daven mientras se sentaba junto a Cale, sin quitarle la vista de encima a Noel.

Noel los miró a uno y a otro. En el fondo no quería revelar un secreto que nunca debió salir a la luz, pero si callaba, su vida y la de su familia corrían peligro.

—Yo... no puedo decir más que esto.

Cale se pasó una mano por la cara, frustrado.

Noel asintió.

—Selena jamás habría podido conseguir la custodia plena sin fundamentos médicos y administrativos sólidos. Harold lo armó todo. Yo solo... me aseguré de que los documentos parecieran legalmente válidos.

Daven se levantó y la silla chirrió contra el piso.

—Así que, desde el principio, usaron a esa niña como una herramienta.

—Sí —respondió Noel en un susurro—. Eli era la clave. Con Eli en manos de Selena, Harold tenía una ventaja emocional y legal. Selena no era más que un peón. Todo estaba pensado para presionar a la familia Miller, sobre todo a Chase Miller.

—¡Carajo! —maldijo Daven.

—Lo siento, señor Daven. En serio estaba amenazado —dijo Noel, aterrado—. Al principio, este plan no pudo avanzar por el accidente del señor Chase Miller y porque Harold tenía que cumplir su condena. Pero Selena consiguió que Harold lo reactivara todo.

Cale miró a Noel sin inmutarse.

—Entonces ¿por qué Harold nunca ha dado la cara?

—Porque no es ningún idiota —contestó Noel enseguida—. Si lo vinculaban con el hospital, con la prueba de ADNo con los documentos de custodia, todo apuntaría a él. Por eso se aseguró de que no volviéramos a vernos cuando todo ya estuviera en marcha. Todas las instrucciones llegaban por medio de terceros.

Daven respiró hondo para contener la furia que le hervía.

—Y obedeciste.

—No tuve opción —dijo Noel, impotente—. Cada vez que dudaba, a él le bastaba con mencionar el nombre de mi hijo.

Cale se levantó despacio.

—Por desgracia, tu confesión no es suficiente.

Noel levantó la mirada, preso del pánico.

—¡Se los dije todo!

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