Capítulo 469
—Por fin llegas.
La llegada de Daven era lo único que podía aliviar la tensión de Arven. Aunque una parte de él estaba aterrada por lo que pudiera pasarle a su jefe, ya tenía preparadas varias defensas legales para cualquier cargo que intentaran imputarle a Daven.
—¿Qué tan grave es? —Daven se aflojó la corbata.
Se notaba cansado, agobiado por la presión.
—Siguen revisando documentos. —Arven suspiró hondo—. Empezaron a sellar las salas de archivos.
A Daven se le tensó la mandíbula.
—¿Cuánto falta para que lleguen a los servidores centrales?
—Menos de una hora.
—Entonces hazlo ya. Saca copias cifradas.
Mándalas a mi almacenamiento privado.
—Sí, señor...
La puerta de la oficina de Daven se abrió. Un empleado intentaba contener a varias personas que entraban a la fuerza.
—Señor, no debería hacer esto —dijo uno de los empleados con firmeza—. Nuestro director no va a evadir la ley si realmente corresponde responder.
No hace falta forzar las cosas así.
Por desgracia, la advertencia solo recibió un gesto cínico, como si lo que hacía Daven fuera un pecado imperdonable. Arven se apresuró a pedirle a Daven que retrocediera. Varios guardias que Cale había asignado para acompañarlo se interpusieron para bloquearles el paso a los fiscales.
—Señor Callister —dijo uno de ellos—. No estamos haciendo este allanamiento sin motivo. Además, tenemos una orden oficial que autoriza todo esto.
Daven esbozó una sonrisa. Todos en la sala lo observaban con inquietud, sobre todo Arven. Daven dio un paso al frente y dijo con calma: —Muy bien. Como ciudadano que respeta la ley, no tengo objeciones a las medidas que deban tomar.
—Y tendrá que venir con nosotros para responder más preguntas.
—¿Ahora? —preguntó Daven sin alterarse.
—Ahora.
—Señor... —Arven trató de intervenir.
—Está bien, Arven —dijo Daven—. Contacta a Richard y dile lo que está pasando. Llama también a Althea. Quizá durante un tiempo no pueda hablar con libertad.
Arven lo vio alejarse detrás de los fiscales. No había lugar para negociar. Daven solo recogió su chaqueta y salió sin oponer resistencia.
—Señor Arven, ¿qué hacemos ahora? —preguntó el mismo empleado, visiblemente angustiado. Todo había ocurrido demasiado rápido.
—Tranquilos —respondió Arven—. Ya hablé con el equipo de relaciones públicas del Grupo Callister.
Sigan trabajando como siempre. No hay razón para entrar en pánico. Confíen en mí. Nuestro jefe va a superar esto y devolverá la estabilidad al Grupo Callister.
Todos en la sala asintieron en silencio. La
preocupación seguía ahí, pero creían que Daven sería capaz de retomar las riendas.
—Ahora vuelvan a sus escritorios —añadió Arven —. Tengo que acompañar al señor Callister.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad