Capítulo 470
Las luces blancas del techo ardían con un brillo doloroso.
Daven estaba sentado en una silla metálica, muy erguido, con las manos cruzadas sobre la mesa. La sala era estéril, cargada de un silencio inquietante.
Frente a él, dos fiscales seguían de pie, uno junto al otro, sin prisa por abrir las carpetas que sostenían.
Era como si el tiempo se hubiera vuelto más lento a propósito para poner a prueba su paciencia.
No había mucho en la sala. Lo más llamativo era la ventana a su derecha. Desde donde estaba, la ventana se veía oscura, pero Daven sabía que del otro lado había gente observándolo. Allí, su única compañía era el zumbido bajo del aire acondicionado.
Uno de los fiscales deslizó un expediente aparte.
Abrió la gruesa carpeta con lentitud y la dejó en el centro de la mesa metálica. El golpe resonó en el espacio cerrado.
—¿Tiene conocimiento de este flujo de fondos?
La luz del techo pareció volverse más cruda cuando
le acercaron la carpeta. Página tras página de reportes financieros quedó al descubierto, repleta de números, firmas y sellos oficiales.
Daven examinó los documentos sin apuro. Repasó cada página con método, como si estuviera revisando informes en una sala de juntas y no bajo las luces de un interrogatorio.
—Esos fondos no estaban bajo mi autoridad —dijo al fin, sereno y controlado—. Este proyecto lo encabezaba Bret Frederick.
El segundo investigador cambió de postura y anotó algo.
—La aprobación final lleva su firma.
Daven levantó la mirada. Estaba alerta, sin rastro de actitud defensiva.
—La aprobación del proyecto —respondió con firmeza—, no la distribución de los fondos. La diferencia es muy clara.
El silencio volvió a caer entre ellos. No porque se hubieran quedado sin preguntas, sino porque estaban eligiendo su próximo punto de presión.
Uno de los fiscales cerró la carpeta despacio.
—Examinamos varias cuentas de sus sociedades.
Los fondos del proyecto se movieron a través de empresas fantasma.
—Sin mi conocimiento —contestó Daven enseguida—. Si revisan las actas de las juntas directivas de mayo y julio, Bret figura como único responsable.
—Como director ejecutivo —dijo el fiscal, ahora más frío—, sigue siendo responsable por negligencia.
Daven respiró hondo y fue soltando el aire despacio.
—La responsabilidad estructural no es lo mismo que la participación directa.
El fiscal se inclinó sobre la mesa.
—¿Está dispuesto a cooperar plenamente con esta investigación?
—Es exactamente lo que estoy haciendo desde que entré —respondió Daven sin titubear.
El tiempo parecía estirarse. Las preguntas llegaban una tras otra sobre proyectos en el extranjero,
¿Cuánto dinero habría invertido Harold para hundirlo? Al pensar hasta dónde estaba dispuesto a llegar Harold, casi le dieron ganas de reír.
—Lo escoltarán a la habitación asignada, donde podrá descansar.
A Daven no le quedaba mucho más que obedecer.
No quería causar problemas antes de que Chris o Cale recibieran aviso. Además, no era del todo desfavorable. Estar dentro de las instalaciones de la Fiscalía tenía sus ventajas. Aun así, pensó en Althea y en los niños. Esperaba que Arven lograra tranquilizarlos y que el asesor legal especial que llevaría el caso llegara al día siguiente.
Tras horas en la silla metálica, Daven se levantó.
Tenía los músculos rígidos y la cabeza pesada, pero seguía alerta, con los sentidos afilados.
—¿Y los archivos de mi empresa? —preguntó antes de salir de la sala de interrogatorios.
—Todos fueron incautados para la investigación — respondió el investigador sin titubear—. Tanto los físicos como los digitales. Si se demuestra su inocencia, se le devolverá todo, hasta el último archivo.
Daven apretó los puños a los costados. Había algo raro, desproporcionado, en la investigación. Como si la hubieran armado demasiado rápido, coordinado con demasiada pulcritud. Como si el desenlace ya estuviera decidido y esta investigación no fuera más que el trámite para llegar a él.
—Durante este periodo —continuó el oficial—, su acceso a las comunicaciones quedará restringido.
Cada movimiento será registrado.
Daven miró al frente. Por fin lo entendió; no estaba allí por no haber logrado demostrar su inocencia, sino porque el propio sistema estaba diseñado para mantenerlo en silencio.
Asintió despacio.
—Entiendo.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...