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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 475

Capítulo 475

—Dales un beso a los niños de mi parte —dijo Daven, acariciándole suavemente el cabello. Desde que ella había llegado, no había dejado de mirarla con una resignación callada, como si lo único que quisiera fuera retenerla allí un rato más, pero...

—Si me sigues mirando así —dijo Althea en voz baja—, me va a costar irme.

Daven sonrió con tristeza.

—Sí. —La atrajo en un abrazo apretado, y Althea se lo devolvió con la misma fuerza.

Poco después, la puerta se abrió. El abogado que había acompañado a Althea a ver a Daven ya esperaba afuera. Se inclinó cortésmente antes de hablar.

—Señora Althea, el horario de visita terminó.

Althea suspiró.

—Está bien. Gracias. —Se volvió hacia Daven—.

Tengo que irme.

Daven cerró los ojos un momento y asintió.

—Sí. Ve a casa. Los niños deben estar esperándote...

y preocupados por ti.

Althea asintió, aunque era evidente que le costaba contener las ganas de quedarse. Incluso dar un paso hacia la puerta le resultaba dolorosamente difícil.

Pero quedarse demasiado tiempo podía causarle nuevos problemas a Daven. Y él tenía razón.

Los niños la esperaban, preocupados.

—Entonces me voy —dijo al fin—. Y no te quedes aquí más de lo necesario, Daven.

—Te lo prometo —respondió Daven sin titubear—.

Voy a terminar con esto cuanto antes.

La promesa sonaba firme y decidida. A Althea le alegró escucharla. Al menos Daven no se veía tan tenso ni tan agobiado como cuando ella entró. Venir a verlo había sido la decisión correcta.

La puerta se cerró detrás de Althea.

Daven se quedó de pie varios segundos, inmóvil, mirando la puerta de vidrio esmerilado que lo separaba del pasillo de la fiscalía. Sabía que Althea no se había ido tranquila. Las veces que había volteado a mirar antes de que la puerta se cerrara lo decían todo.

Suspiró hondo y se volvió hacia la mesita. Althea había llegado con dos abogados. Uno de ellos la había acompañado a casa. El otro seguía allí, esperando para hablar con él.

Daven se concentró en los documentos extendidos frente a él, reportes por revisar y asuntos que debía conocer.

—¿Qué tienes para mí? —preguntó Daven con calma.

El abogado asintió.

—Hubo novedades desde que llegó aquí. Incautaron oficialmente todos los archivos físicos del Grupo Callister. Pero no se preocupe, los servidores centrales están a salvo. Su equipo avisó al señor Arven, y él se aseguró de que todo quedara protegido. También presentamos una objeción procesal, peró la rechazaron alegando urgencia investigativa.

—La excusa de siempre —masculló Daven.

—Intentan ganar tiempo —continuó el abogado—.

Durante toda la semana van a seguir presionándolo con preguntas pensadas para desgastarlo. No son abiertamente agresivos, pero una presión

constante e implacable termina siendo lo mismo.

Daven se recostó en el respaldo.

—¿Y la cobertura de los medios?

—Según el monitoreo del señor Richard, la situación no hace más que agravarse —dijo el abogado—. Su nombre sigue encabezando los titulares. Parece que todos los medios compiten por mantenerlo en el centro de atención.

Daven suspiró hondo.

—¿Arven dijo algo sobre bajar el perfil?

—No, señor. Pero hay una reunión a puerta cerrada programada para mañana entre el señor Arven y el señor Richard.

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