Capítulo 493
El auto se detuvo en el estacionamiento del edificio y el motor quedó en silencio.
—Ya llegamos, señora —dijo el chofer antes de apresurarse a abrirles la puerta.
Selena bajó primero, moviéndose con soltura. Se acomodó el cabello, tomó su bolso y se adelantó sin mirar atrás. Sin decir una palabra, cruzó el vestíbulo a paso firme.
Se veía radiante, abiertamente complacida, sin el menor rastro de lo que acababa de ocurrir, como si el trayecto no hubiera sido más que un trámite de rutina que había cumplido a la perfección.
Eli fue la última en bajar. Llevaba los hombros encorvados y el paso inseguro. Todavía le ardía la mejilla, le palpitaba el cuero cabelludo y sentía el pecho apretado por los sollozos que se había tragado durante todo el camino. Siguió a su madre dentro del edificio sin decir nada.
Cuando se abrió la puerta del departamento, Silvia ya las esperaba en la sala. Silvia pareció aliviada al verlas regresar.
—Ah, ya volvió, señora —dijo con calidez—. ¿Qué les gustaría cenar a usted y a la señorita Eli? Puedo prepararlo enseguida.
Selena dejó el bolso sobre la mesa con despreocupación.
—Algo ligero, sopa y ensalada. Quiero cenar tranquila. Pero antes, sírveme un poco de vino.
Quiero terminar el día con una cора.
Silvia asintió.
—Muy bien, señora. ¿Y la señorita Eli?
Eli no respondió enseguida y se quedó mirando al piso, con los dedos entrelazados.
—Yo... no tengo hambre —murmuró.
Selena la miró de reojo, fastidiada.
—Déjala —le dijo a Silvia—. Y más te vale pensar bien en lo que hiciste, Eli.
Eli no dijo nada y siguió caminando hacia su cuarto.
Silvia dudó un momento, pero no se atrevió a contrariar a Selena.
—Entonces... ¿preparo la cena solo para usted, señora?
—Prepara dos porciones —respondió Selena con firmeza—. Si más tarde cambia de idea, ya tendrá comida lista.
Eli, mientras tanto, cruzó la sala de largo hacia su recámara. Giró la perilla despacio y cerró la puerta a sus espaldas. Una vez sola, apoyó la espalda contra la puerta y exhaló largamente, como si todo ese tiempo hubiera llevado encima un peso que no la dejaba respirar. Cerró los ojos y contuvo los sollozos hasta que se le escaparon, silenciosos y temblorosos.
Del otro lado de la puerta, Selena se acomodó en el sofá, cruzó las piernas y se recostó a sus anchas.
Tomó el control y encendió el televisor de pantalla plana. Varios canales seguían repitiendo la noticia que acababa de sacudir a Solaviz.
Selena disfrutó verse sentada en medio de un bosque de micrófonos y preguntas incesantes.
Muchas ni siquiera las contestó, pero estaba segura de que lo que había dicho era más que suficiente.
Los medios seguirían haciéndose eco de la historia sin descanso, hasta que Harold les ordenara parar.
Silvia le acercó una copa de vino con unos bocadillos. Selena casi no los miró, pero cuando la
sirvienta estaba a punto de retirarse, la llamó.
—¿Sí, señora?
—Empaca mis cosas —ordenó Selena, sin apartar la vista del celular—. Organiza toda mi ropa. No dejes nada. Me voy a mudar.
Silvia se quedó paralizada..
—¿Mudarse... a dónde, señora?
Selena se volvió hacia ella con gesto triunfal.
—Riana Miller ya no tiene alternativa. Todos están pendientes de ella.
—Exacto —dijo Harold—. Vendrán a ti. De un modo u otro.
Selena se miró en el espejo junto al mueble de la tele. En otro canal seguían comentando su repentina aparición junto a Eli.
—Estoy esperando ese momento.
—Esto apenas comienza —dijo Harold—. Nuestra victoria está cada vez más cerca.
Selena asintió, aunque Harold no podía verla.
—Lo sé.
—Nunca olvides tu verdadero objetivo, Selena. No es solo la familia Miller. Es Althea Callister. Ella fue quien te quitó a Chase, ¿no?
Mientras Selena y Harold saboreaban su triunfo, Eli estaba sentada en el borde de su cama, en el cuarto de al lado, abrazada a las rodillas. Tenía los ojos hinchados y rojos, la punta de la nariz húmeda, у las lágrimas no dejaban de caer.
—¿Qué se supone que debo hacer? —susurró.
En su celular, las redes sociales estaban llenas de videos cortos de su aparición, todos con toda clase de leyendas. Los comentarios no dejaban de llegar.
Algunos dudaban de ella. Otros la apoyaban. Pero también había muchos que la atacaban y la tachaban de niña que solo quería llamar la atención.
Habían mencionado su nombre más veces de las que podía contar.
Volvió a cerrar los ojos y se le escaparon más lágrimas.
—¿Puedo hablar con Josh? —preguntó bajito, mirando el celular, donde aún se veía el video de su madre presentando la prueba de ADN a los reporteros—. Quiero disculparme.
Se secó las lágrimas.
—Eso es. —Cerró las redes sociales y empezó a buscar el nombre de Josh en sus contactos—. Tengo que llamar a Josh y también disculparme con la abuela. No quiero decepcionarlos.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Que decepción esperaba la luna de miel de Naomi y Chris...
Me gusta esta historia pero se nota que está hecha con IA (no me molesta) Pero la IA en algún punto comienza a olvidar cosas o a confundirse, solo tengan cuidado con los detalles ya van varios que se les escapan...
Porque Eli no le dice mamá althea y papa a Dave . No la adoptaron?...
Esa autora habla más que los propios personajes jajaja unos grandes textos y pequeños diálogos...
Que molesto es tener que pagar y tener que esperar que suban 5 capítulos diario... Por favor ya...
Suban la novela completa...
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...