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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 498

Capítulo 498

Apretó la mandíbula, su inquietud iba en aumento.

—Llegaron con más de veinte minutos de anticipación.

Riana se recostó en el asiento.

—Estoy segura de que fue a propósito —dijo sin inflexión—. La reunión quedó al descubierto antes de que siquiera llegáramos.

—No —respondió Nathan, más seguro—. No se filtró. Invitaron a los reporteros a propósito.

—¿A qué te refieres? —preguntó Riana, curiosa.

Nathan no contestó enseguida. Ya estaba concentrado en el celular.

—Averigua quién movilizó a la prensa hoy — dijo por teléfono—. Vi varios medios importantes en el Westgate. Quiero nombres, y quiero saber de dónde salió la información.

—Entendido, señor —respondió su asistente.

El chofer volvió a mirar hacia atrás.

—Señor, ¿bajamos ya?

—Bajemos —dijo Nathan—. Asegúrate de que mi esposa no se acerque demasiado a los reporteros y de que su seguridad sea la prioridad. —Luego se volvió hacia Riana—.

Sígueme la corriente. No respondas nada.

Riana asintió sin discutir. Al abrirse la puerta, entró una bocanada de aire caliente, mezclada con el estruendo de afuera.

—¡SEÑOR NATHAN!

—¡SEÑORA RIANA!

—¿ESTA REUNIÓN ES PARA RECONOCER OFICIALMENTE A ELI?

—¿ELI ES HIJA DE CHASE MILLER, Y NACIÓ FUERA DEL MATRIMONIO?

—¿FUE RESULTADO DE UNA AVENTURA DESPUÉS DE SU MATRIMONIO, SEÑORA RIANA?

Las preguntas los golpeaban sin tregua. Los micrófonos se les venían encima y las cámaras disparaban flashes en ráfagas incesantes.

Nathan salió primero, apenas inclinado hacia adelante, como si fuera un escudo. Riana caminaba a su lado, serena y con la vista al frente, sin reaccionar a las acusaciones que les lanzaban.

—Atrás, por favor —dijo con firmeza uno de los guardias de seguridad del restaurante—. Es una zona privada.

—SEÑORA RIANA, ¿USTED SABÍA DE ESE EMBARAZO?

—¿LA FAMILIA MILLER HA OCULTADO LA VERDAD TODO ESTE TIEMPO?

Riana no volteó. Le apretó el brazo a Nathan, un gesto breve que solo significaba seguir avanzando. No respondieron. No asintieron. No negaron. No confirmaron. El silencio de Nathan no era desconcierto; era estrategia.

Entre los empujones y las voces cada vez más fuertes, el cordón de seguridad abrió un paso estrecho. Las puertas de vidrio se abrieron. En cuanto entraron, el ruido de afuera se apagó, como si una pared gruesa separara dos mundos.

Riana suspiró muy bajo.

—Esto es peor de lo que esperaba.

—Y exactamente lo que ellos querían — respondió Nathan—. Presión pública antes de que hablemos.

Un empleado del restaurante se les acercó, muy tenso.

—Por favor, señor, señora, la sala de reuniones está lista.

Avanzaron por el corredor silencioso. Sus pasos resonaban nítidos, un contraste brutal con el caos que acababan de dejar atrás.

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