Capítulo 502
—Hice todo esto —continuó Selena—, para limpiar el nombre de mi niña. Para que nadie pueda decir que se aprovechó de la situación.
Nathan se mantenía rígido unos pasos detrás de ellas. Apretó la mandíbula, pero no la interrumpió. Lo sabía. Cada palabra de Selena había sido escogida con muchísimo cuidado.
Todo lo que decía buscaba limpiar su imagen, soltar una bomba ante los demás y, cuando conseguía lo que quería, cubrirse retorciendo los hechos.
Jamás debió darle pie a esa mujer. Y, sin embargo, se aferraba a una certeza. Algún día, sus propias palabras la harían caer.
—Creo que eso es todo —concluyó Selena—.
Gracias.
Se llevó a Eli antes de que pudieran hacer más preguntas. Los reporteros volvieron a gritar, pero el personal de seguridad se movió rápido y abrió paso hasta el auto que las esperaba.
Dentro del vehículo, el ambiente era otro. Selena
sonrió, muy satisfecha, y le indicó a Marcus que las llevara a la residencia de la familia Miller.
—Un buen final —dijo, recostándose. Disfrutaba ver cómo los reporteros todavía corrían detrás del auto.
Eli, en cambio, iba tensa, con las dos manos sobre el regazo.
—Mamá. —Apenas se le oía la voz—. ¿Por qué dijiste eso?
Selena se volteó con total naturalidad.
—¿Decir qué?
—Que la familia de papá nos aceptó —susurró Eli—. Cuando no es así... ¿o sí?
Selena sonrió.
—Depende de cómo lo mires.
—No —protestó Eli en voz baja—. No es verdad.
Selena la observó un largo rato antes de volver a hablar.
—Ya basta. No tienes por qué hacer un escándalo. Tú solo disfruta lo que vas a recibir de
ahora en adelante. Vivirás en esa casa. Podrás ver a tu abuela cuando quieras y comer con ella.
¿No deberías estar feliz y agradecida? —Su tono se endureció—. Deberías agradecérmelo, Eli.
Gracias a mí, vuelves a casa con tu familia.
Eli agachó de nuevo la cabeza. Se le oprimía el pecho. Sabía que su madre la presionaba una vez más, aprovechándose de lo que la hacía dudar de sí misma. Esta vez no tenía fuerzas para resistirse.
Para Eli, el trayecto hasta la residencia de la familia Miller fue un silencio asfixiante.
Cuando por fin se abrieron los enormes portones, Selena suspiró satisfecha.
—Por fin —murmuró—. Esto debió ser nuestro desde el principio.
Eli contempló la imponente casa frente a ella, majestuosa, silenciosa y completamente ajena.

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