Capítulo 501
—Entonces nos vemos en la casa, señor Miller —dijo Selena con una reverencia cortés—. Y tú, no olvides despedirte de tus abuelos. No dejes que piensen que no quieres pasar tiempo con ellos.
Al escucharla, Eli volteó a mirar a su madre con incredulidad. De todos modos, hizo lo que le pidieron. Se despidió; la reunión había llegado a su fin.
La conversación le dejó el estómago revuelto.
Por eso, los platos de la mesa, por deliciosos que fueran, de pronto le supieron insípidos. Cuando le pidieron que comiera, no tenía nada de apetito; y al parecer no era la única. Nathan y Riana estaban igual.
La única persona que disfrutó la comida fue su madre. Más de una vez, Selena sonrió de oreja oreja, casi de forma exagerada. Incluso hizo preguntas que, en un momento así, sonaban extrañamente fuera de lugar.
—Entonces nos retiramos —dijo Selena cuando
Eli terminó de despedirse.
La puerta del comedor privado se abrió. Cuatro hombres de traje negro ya esperaban afuera; mejor dicho, esperaban a que Nathan concluyera sus asuntos. Uno de ellos habló.
—Le preparamos una ruta segura para su regreso, señor Miller. También le dieron instrucciones a Marcus para que recogiera a la señorita Eli por la misma salida.
Nathan asintió.
Caminaron hacia el vestíbulo. Cuando estaban por llegar a la entrada principal del restaurante, los flashes volvieron a estallar y los reporteros alzaron la voz, ansiosos por abalanzarse sobre quien apareciera primero.
El personal de seguridad se adelantó.
—Señora Selena, use la salida lateral, por favor.
La zona del frente ya no es segura. Me preocupа...
Selena dejó de caminar. Se volvió despacio y le dedicó al guardia una sonrisa.
—No será necesario —dijo con calma—. Saldré por el frente. Y asegúrese de que mi chofer me
espere en el vestíbulo principal.
El guardia titubeó.
—Por su seguridad...
—Solo diré unas palabras —lo interrumpió Selena, con voz suave, pero sin darle margen para negarse. Miró un instante a Nathan, que estaba de pie no muy lejos.
—No voy a dejar que acorralen a mi niña — continuó, imperturbable—. No quiero que la vean como una niña que se impone a una familia.
Detrás de ella, Eli se tensó. Se aferró por instinto al borde del abrigo. El corazón le latía descontrolado. Quería negarse, quería decir que su madre no necesitaba decir nada de esto, pero, como siempre, la voz se le apagó antes de salir.
Nathan miró a Selena con dureza.
—Habíamos quedado en algo, Selena. Nada de declaraciones. ¿Vas a ignorar mi advertencia?
Selena se volvió hacia él. Esta vez, sonrió más.
—No voy a romper nuestro acuerdo. Solo quiero aclarar un detalle.
Riana quiso hablar, pero Nathan la detuvo antes de que pudiera hacerlo. Respiró hondo y asintió apenas.
—Cinco minutos —dijo con firmeza—. Ni un segundo más.

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