Capítulo 508
Mientras tanto, Eli caminaba cabizbaja, retorciéndose las manos para calmarse. Tenía los ojos brillantes de lágrimas, a punto de llorar.
No entendía cómo una mañana que debía ser tranquila había terminado de una forma tan amarga e inquietante.
Mientras Eli se hundía en la culpa, Selena no paraba de quejarse camino al ala de los dormitorios. No dejaba de maldecir entre dientes, y todos sus insultos iban dirigidos a Althea.
—¡Esa descarada se atrevió a tratarme así!
Como si fuera superior a mí —dijo Selena—.
Aquí estamos en la misma posición. Las dos tenemos hijos de Chase Miller.
Pateó el suelo, roja de una furia que apenas podía contener.
—No. No voy a aceptar esto. Me niego a que me traten así —dijo Selena, deteniéndose en seсо—.
Tengo que vengarme de ella.
Eli, que venía detrás, se quedó paralizada por la sorpresa.
—¿Mamá?
Eli se quedó aún más confundida cuando Selena se dio la vuelta, decidida a seguir armando problemas esa mañana.
—¡Mamá, detente! —dijo Eli, dando un paso al frente. No podía dejar que su madre volviera a buscar problemas en ese estado.
—¿¡Qué haces!? —dijo Selena, furiosa, cuando Eli le agarró el brazo—. ¡Suéltame! ¿O ahora decidiste ponerte de su lado?
—No es eso, mamá. —Eli se esforzó por hablar con calma, consciente del eco de sus voces en el corredor. No quería llamar más la atención—.
¿Podemos volver al cuarto? Hablemos adentro, ¿sí?
Selena se quedó observándola durante un largo rato. Al final, cedió. Se zafó y se alejó a grandes pasos; a Eli no le quedó otra opción que seguirla.
En cuanto llegaron al pasillo de sus habitaciones, Selena abrió la puerta de Eli de un empujón, la agarró de la mano con brusquedad y la arrastró adentro.
Eli gritó de dolor, pero Selena no le hizo caso y
cerró la puerta de un portazo, sin importarle que el ruido llamara la atención.
—¿Qué crees que hacías ahí afuera? —Selena bajó la voz, temblando de rabia contenida—. ¿Te das cuenta de lo que hiciste frente a todos?
Eli hizo una mueca y se frotó la mano, donde el apretón de su madre le había dejado la piel roja y dolorida.
—¿No me vas a contestar? —dijo Selena.
Eli se encogió por instinto al escuchar el grito.
Pero su madre no iba a parar hasta arrancarle una respuesta. Despacio, Eli levantó la cara.

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