Capítulo 509
—¡Maldición! —Selena dio un manotazo y tiró todo lo que había sobre el tocador. Un frasco de perfume cayó y se hizo pedazos; el líquido se esparció por el piso con un olor penetrante.
Arrojó cojines y mantas a los rincones de la habitación, luego agarró el respaldo de una silla y estuvo a punto de estrellarla contra la pared.
—¡No puede ser! —maldijo a gritos—. ¿Cómo se atrevió esa niña a desafiarme?
Se detuvo y miró su reflejo en el espejo. Tenía la cara roja y los ojos desorbitados. Por un instante se vio como una extraña, pero esa imagen, lejos de calmarla, solo avivó su rabia.
Tocaron a la puerta.
—¿Señora Selena? —llamó una sirvienta con voz vacilante.
Sin esperar respuesta, la puerta se abrió apenas.
La sirvienta entró con una bandeja y se quedó petrificada. Abrió los ojos de par en par al ver el frasco roto en el piso, los cojines desperdigados por todas partes y a Selena de pie, jadeando.
—Su... su desayuno, señora —dijo nerviosa, casi en un susurro. Era evidente que no esperaba encontrarse con semejante escena.
Selena giró la cabeza.
—Fuera.
—Se... señora, solo estaba...
—Fuera. ¡Ya! —gritó Selena, fuera de sí, señalando la puerta con brusquedad—. ¡Llévate eso y no vuelvas hasta que te llamen!
La sirvienta se asustó. La bandeja le tembló mientras se daba la vuelta a toda prisa, inclinándose varias veces.
—Lo siento, señora.
La puerta se cerró deprisa tras ella. Selena se quedó en medio de la habitación, jadeando, con la mandíbula tensa y los ojos encendidos por una rabia que no se apagaba y ya buscaba otro blanco.
—¡Mierda!
Selena tomó aire de golpe y agarró el teléfono.
La mano le temblaba mientras buscaba un nombre que conocía demasiado bien. Se sentó al borde de la cama, sin importarle el desorden que
había hecho.
La llamada se conectó enseguida.
—Harold —dijo sin preámbulos—. Tenemos un problema.
—¿Qué pasó esta vez? — respondió Harold, tranquilo, casi relajado—. Esperaba escucharte emocionada.
—Esa niña se está rebelando —dijo Selena—. Se atrevió a contestarme delante de todos. Me humilló.
Hubo un breve silencio al otro lado. Luego Selena escuchó una risa baja, divertida.
—¿De qué te ríes? —dijo.
—Cálmate —respondió Harold—. Ese temperamento tuyo te va a hundir.
—He intentado tener paciencia, Harold. Pero esa niña me la agotó.
—Creo que esto pasa porque Eli ha estado pasando tiempo con Riana —comentó Harold, pensativo—. Dijiste que Riana la trataba bien, ¿no?
Selena se quedó callada.
—Todavía es una niña. Es normal que se sienta segura junto a quienes parecen apoyarla. Esa seguridad le da valor para resistirse a ti — continuó Harold—. Tienes que hacerle entender cuál es su lugar.
—No se ha movido ni un centímetro — murmuró Cale.
Un miembro de su equipo estaba de pie junto a él.
—La señal es constante, señor Miller. La última llamada se grabó con claridad. Ya preparé una copia para usarla como prueba.
Cale asintió.
—Sigan vigilando. Que nadie se mueva. ¿Y el equipo del detective Aaron? ¿Alguna novedad?
—Hubo algunos movimientos, pero por ahora nada especialmente sospechoso.
—Asegúrense de que no se nos escape de vista.
—Sí, señor Miller.
Cale se recostó en la silla y tamborileó los dedos contra el escritorio. Su sonrisa se ensanchó; no era la mueca triunfal de una victoria final, sino la satisfacción serena de quien sabe que su rival acaba de cometer el error que esperaba.
—Sigue hablando con él —dijo en voz baja, como si se dirigiera a la pantalla—. Mientras más lo hagas, más te hundirás, hasta que los dos queden atrapados y sin salida.
El teléfono de Cale vibró en su bolsillo. Al mirar la pantalla, vio un mensaje. Se quedó mirándolo y leyó cada palabra con cuidado.
—Parece que esta vez me tocará ver a Daven dijo mientras tomaba el saco que colgaba del respaldo de la silla.
—¿Pasa... algo, señor Miller?
Cale aminoró el paso al escuchar la pregunta.
—Nada. —Sonrió apenas, pero cualquiera que conociera bien al hombre de lentes sabría que no convenía contrariarlo.
—Ah, una cosa. —Antes de salir de la habitación, añadió—. Trasladen a Oscar y al doctor Noel a la dirección que les enviaré en breve.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Que decepción esperaba la luna de miel de Naomi y Chris...
Me gusta esta historia pero se nota que está hecha con IA (no me molesta) Pero la IA en algún punto comienza a olvidar cosas o a confundirse, solo tengan cuidado con los detalles ya van varios que se les escapan...
Porque Eli no le dice mamá althea y papa a Dave . No la adoptaron?...
Esa autora habla más que los propios personajes jajaja unos grandes textos y pequeños diálogos...
Que molesto es tener que pagar y tener que esperar que suban 5 capítulos diario... Por favor ya...
Suban la novela completa...
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...