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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 517

—Maldita sea —masculló Selena con los puños apretados. Respiraba rápido y entrecortado mientras luchaba por contener la rabia.

La puerta del comedor se cerró de golpe tras ella. Se alejó deprisa, todavía con la respiración agitada. Se le tensaba la mandíbula cada vez que recordaba cómo Nathan y Riana la habían mirado, como si ella tuviera la culpa de todo. La manera en que la habían juzgado. Tenían que haberse dado cuenta de que decía la verdad.

—Están demasiado ciegos —murmuró Selena con la cara encendida—. Voy a demostrar que tengo razón. Solo esperen. Se van a arrepentir de tratarme como si yo no importara.

Las uñas se le clavaron más en el brazo, hasta que los rasguños empezaron a arderle de verdad. No fue a su cuarto. Necesitaba calmarse. Le palpitaba la cabeza y no podía pensar con claridad. ¿Dónde podía conseguir una copa de vino para aflojar la tensión?

Pero, más que el vino, la carcomía otro pensamiento.

Eli.

—¿Dónde está esa niña?

Selena se detuvo en medio del corredor y recorrió el lugar con la mirada en busca de la niña que se había ido antes. No había nadie. El pecho se le agitó de nuevo, esta vez no por la rabia contra Nathan o Riana, sino contra su propia hija.

—¿Cómo pudo decir algo así delante de ellos? —murmuró, con la voz tensa—. Como si yo fuera la villana.

Los pasos de una sirvienta que pasaba hicieron que Selena girara la cabeza.

—Tú —la llamó.

La sirvienta se detuvo, un poco asustada.

—¿Sí, señora?

—¿Dónde está Eli? —preguntó Selena con sequedad.

La sirvienta vaciló antes de responder.

—La señorita Eli volvió a su habitación, señora. Se fue con Gia, que la siguió hace un rato.

Selena entrecerró los ojos.

—¿A su habitación?

—Sí, señora.

Sin decir nada más, Selena giró sobre sus talones. Sus pasos se aceleraron; su furia, lejos de aplacarse, crecía a medida que repasaba lo que Eli había hecho. La niña se le escapaba cada vez más de las manos.

—No —dijo Selena, negando despacio—. No puedo permitir que Eli actúe por su cuenta. Tengo que lograr que vuelva a actuar como yo quiero.

Intuía que Eli empezaba a olvidar algo crucial. Todo lo que hacía debía quedar bajo su control. Sin su guía, Eli nunca conseguiría lo que le correspondía. Eli debería haber estado agradecida, pero ¿qué recibió Selena a cambio?

La expresión se le endureció. Si Eli y Josh eran cercanos, eso podía ser una buena oportunidad. La cercanía emocional muchas veces abría puertas que la fuerza no podía abrir. ¿Y Eli nunca le había mencionado esto?

—Maldita sea. Hay que recordarle a esa niña quién manda.

Siguió mirando hasta que Josh por fin se dio la vuelta y dejó a Eli sola en la banca.

Selena se movió rápido. Ajustó el paso para verse natural, como si no hubiera visto nada. Cuando Josh cruzó las puertas de cristal de regreso a la casa, Selena se le acercó a propósito desde la dirección contraria.

Se cruzaron.

Josh se detuvo una fracción de segundo. Selena lo miró con una sonrisa apenas marcada, cuidadosamente calculada.

—Ustedes dos parecen bastante cercanos —dijo en voz baja, insinuante.

Josh le lanzó una mirada breve y fría, con desprecio. Pasó de largo sin responder, como si ella no existiera.

A Selena se le borró la sonrisa al instante.

Apretó la mandíbula. La irritación le subió al pecho, aguda y difícil de contener. Pero no dejó que se le notara. Respiró hondo y se obligó a calmarse.

—Mocoso grosero —masculló.

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