—Maldita sea —masculló Selena con los puños apretados. Respiraba rápido y entrecortado mientras luchaba por contener la rabia.
La puerta del comedor se cerró de golpe tras ella. Se alejó deprisa, todavía con la respiración agitada. Se le tensaba la mandíbula cada vez que recordaba cómo Nathan y Riana la habían mirado, como si ella tuviera la culpa de todo. La manera en que la habían juzgado. Tenían que haberse dado cuenta de que decía la verdad.
—Están demasiado ciegos —murmuró Selena con la cara encendida—. Voy a demostrar que tengo razón. Solo esperen. Se van a arrepentir de tratarme como si yo no importara.
Las uñas se le clavaron más en el brazo, hasta que los rasguños empezaron a arderle de verdad. No fue a su cuarto. Necesitaba calmarse. Le palpitaba la cabeza y no podía pensar con claridad. ¿Dónde podía conseguir una copa de vino para aflojar la tensión?
Pero, más que el vino, la carcomía otro pensamiento.
Eli.
—¿Dónde está esa niña?
Selena se detuvo en medio del corredor y recorrió el lugar con la mirada en busca de la niña que se había ido antes. No había nadie. El pecho se le agitó de nuevo, esta vez no por la rabia contra Nathan o Riana, sino contra su propia hija.
—¿Cómo pudo decir algo así delante de ellos? —murmuró, con la voz tensa—. Como si yo fuera la villana.
Los pasos de una sirvienta que pasaba hicieron que Selena girara la cabeza.
—Tú —la llamó.
La sirvienta se detuvo, un poco asustada.
—¿Sí, señora?
—¿Dónde está Eli? —preguntó Selena con sequedad.
La sirvienta vaciló antes de responder.
—La señorita Eli volvió a su habitación, señora. Se fue con Gia, que la siguió hace un rato.
Selena entrecerró los ojos.
—¿A su habitación?
—Sí, señora.
Sin decir nada más, Selena giró sobre sus talones. Sus pasos se aceleraron; su furia, lejos de aplacarse, crecía a medida que repasaba lo que Eli había hecho. La niña se le escapaba cada vez más de las manos.
—No —dijo Selena, negando despacio—. No puedo permitir que Eli actúe por su cuenta. Tengo que lograr que vuelva a actuar como yo quiero.
Intuía que Eli empezaba a olvidar algo crucial. Todo lo que hacía debía quedar bajo su control. Sin su guía, Eli nunca conseguiría lo que le correspondía. Eli debería haber estado agradecida, pero ¿qué recibió Selena a cambio?

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