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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 522

—¿Dónde está Arven? —preguntó Chris apenas salió del ascensor ejecutivo.

Como visitaba tanto la oficina de Daven, le habían dado acceso especial al piso donde estaba su despacho. A veces coincidía allí con Arven, porque en esa oficina se guardaban documentos importantes.

Daven nunca puso objeciones. Sabía que tanto Arven como Chris entendían el valor de la confianza y la colaboración.

—Lo espera en la sala de conferencias ejecutiva —dijo Beatrix al recibir a Chris.

Chris avanzó por el pasillo hacia donde le indicaron. Al abrir la puerta unos momentos después, encontró a Arven enfrascado en una conversación con uno de los miembros del equipo legal. La mesa estaba cubierta de enormes pilas de documentos, y en grandes cajas de cartón se amontonaban más expedientes sin orden.

—Buenos días —saludó Chris mientras se sentaba frente a Arven—. ¿Qué tenemos esta mañana?

—Buenos días, señor Chris —respondió Arven, inclinando la cabeza con respeto—. Disculpe que no lo haya saludado como corresponde.

Chris chasqueó la lengua con fastidio.

—¿Cuántos días llevas sin ir a tu casa?

Arven rio y se rascó la nuca.

—¿La verdad? Ya ni recuerdo la última vez.

Chris también rio, y eso pareció aliviar la tensión entre varios miembros del equipo legal de Daven.

—Descubrimos bastante —dijo uno de los abogados una vez que Chris se acomodó—. Todo está conectado con Bret Frederick.

Chris se enderezó un poco.

—¿Qué encontraron?

—Rastreamos transacciones financieras sospechosas —explicó el jefe del equipo legal—. El dinero se transfirió a cuentas a nombre de otras personas, pero que al final controlaba Bret. Reunimos pruebas de cómo esas cuentas terminaron en sus manos. Ese dinero se usó para manipular informes y montar versiones falsas que después usaron contra el señor Daven.

Chris se echó hacia atrás en la silla.

—Entonces, ¿todo lo de las acusaciones contra Daven lo inventaron ellos?

—En su mayor parte, sí —respondió el abogado con firmeza—. También tenemos testigos dispuestos a declarar bajo juramento que Bret falsificó varios documentos clave.

Chris sonrió apenas.

—Con eso basta para darle la vuelta a la situación.

—De sobra —añadió el abogado—. Ya empezamos a preparar una nueva estrategia de defensa. En cuanto se presente la oportunidad, derrumbaremos la credibilidad de Bret ante el público.

Chris asintió, decidido.

—Asegúrate de que todo quede bien organizado. No puede quedar ningún cabo suelto.

—Sí, señor Chris.

Casi al mismo tiempo, al otro lado de la ciudad, el auto en el que iba Althea avanzaba rumbo a la oficina del fiscal.

Josh iba en el asiento delantero, y Grace, atrás, entre Althea y Felicia. Durante todo el trayecto, la niña tarareó contenta.

—Ya quiero ver a papi —dijo Grace, mirando a su mamá—. ¿Por qué papi nunca viene a casa? ¿Tiene mucho trabajo? —Volvió a preguntar, por lo que parecía la centésima vez.

—Sí —respondió Althea con dulzura—. Papi está trabajando muchísimo. Tiene un montón de cosas importantes que atender.

Felicia sonrió al ver lo radiante que estaba su sobrina.

—Seguro tienes muchísimas historias que contarle.

Grace asintió con entusiasmo.

—Quiero contarle de la escuela, del parque nuevo y del pastel de chocolate que hizo la tía Felicia.

Josh giró la cabeza desde el asiento delantero.

—A papá le va a encantar escuchar todo eso.

—Me dieron la estrella por ser la alumna más ordenada —dijo Grace con orgullo—. Mamá me ayudó mucho.

Daven sonrió más.

—Gracias por esforzarse siempre por ser la mejor versión de ustedes mismos. —Luego miró a Althea y se le suavizó aún más la expresión—. Y gracias a ti también, mi amor. Me dejas mucho más tranquilo —dijo en voz baja.

Althea asintió.

—Todos estamos esperando a que vuelvas a casa.

Felicia permaneció a un lado, sin apartar la mirada de su hermano. Se le encogió el pecho al verlo más delgado, desgastado, pero aun así tratando de sonreír. Nunca lo había visto así. Ni siquiera en los momentos difíciles del pasado se había visto tan frágil.

—Te ves mejor de lo que esperaba —dijo al fin.

Daven se volvió hacia ella.

—Sigo en pie gracias a todos ustedes.

Felicia asintió y se aclaró la garganta.

—Bueno. Creo que deberíamos hacer algo. —Le dio a Josh una palmadita en el hombro y se inclinó un poco hacia Grace—. Vengan, dejemos a mamá y a papá un rato a solas.

Josh entendió al instante y tomó a Grace de la mano.

—Vamos, esperemos afuera.

—Pero aún quiero contarle más cosas a papi —protestó Grace en voz baja.

—Después —dijo Felicia con dulzura—. Solo un ratito.

Cuando salieron, la sala quedó en silencio. Daven se acercó a Althea. Sin decir una palabra, la atrajo hacia él y la abrazó con fuerza. Althea se tensó un instante, sorprendida; después le devolvió el abrazo y hundió la cara contra su pecho.

—Te extrañé —susurró Daven—. Cada noche... no, cada segundo. Me has hecho tanta falta que duele.

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