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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 551

La llamada terminó.

Selena se volvió hacia el comedor. Adentro, nadie parecía notar su ausencia. Hasta hacía un momento, esa indiferencia la había sacado de quicio. Pero ahora, después de esa llamada, volvía a sentirse segura.

Regresó a su lugar y miró a Eli, que conversaba a gusto con Althea y Lydia.

“Esta niña sí que se está aprovechando”, pensó Selena con amargura. “Ya se le olvidó quién la trajo hasta aquí”.

—Eli.

Al escucharla, la niña se volvió.

Hasta hacía apenas unos instantes, Eli se veía radiante y relajada. Pero en cuanto se encontró frente a su madre, volvió a tensarse. Era como si la sola presencia de Selena la encogiera.

—¿Sí, mamá? —respondió en voz baja.

—Termina de desayunar y vuelve a tu cuarto —dijo Selena—. Necesito hablar contigo.

Eli tragó saliva, nerviosa, y asintió. Sin decir una palabra más, Selena se dio la vuelta y salió del comedor. Nadie preguntó adónde iba ni cuestionó lo que había pasado.

De hecho, la mayoría pareció aliviada de que no se quedara. El ambiente siempre se ponía más pesado cuando Selena estaba cerca. La puerta del comedor se cerró sin ruido tras ella.

Eli siguió sentada, con la vista fija en la mesa. Los hombros le temblaban un poco, pero no le quedaba más que obedecer a su madre.

Al ver que Eli intentaba disimular su inquietud, Althea volvió a ponerle la mano en el hombro.

—Disfruta tu desayuno, Eli —le dijo con dulzura—. Me encantó lo que preparaste.

Eli parpadeó, sorprendida. Se volvió y vio que la madre de Josh le sonreía con calidez, de forma tranquilizadora y sincera.

—Tus hot cakes están riquísimos —añadió Althea con ternura—. Gracias.

La cara de Eli se iluminó.

—Me alegra que le gusten.

Durante los siguientes minutos, el ambiente volvió a calmarse. La conversación ligera iba y venía alrededor de la mesa, entre elogios a los platillos, comentarios sobre lo que comía cada uno e incluso algún pedido casual para la cena de esa noche.

Entonces se escucharon pasos en el corredor.

Daven apareció en la entrada del comedor, ya vestido para el trabajo. El traje oscuro le quedaba perfecto, llevaba la corbata bien puesta y tenía la calma de un hombre listo para retomar las riendas de su rutina.

Josh venía detrás de él sin prisa.

—Buenos días —saludó Daven con calidez.

—Buenos días —respondió Riana, mirando al padre y al hijo de pies a cabeza—. ¿Es mi imaginación, o Josh creció?

Daven sonrió de oreja a oreja.

—No creo que sea tu imaginación, mamá. Ya casi es tan alto como yo.

Las risas recorrieron la mesa. Josh también se rio del comentario de su abuela antes de acercarse a saludarla como era debido y sentarse en su lugar.

—Ah, ¿dónde está el abuelo? —preguntó.

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