El edificio principal del Grupo Callister ya estaba en plena actividad cuando Daven llegó. Los empleados que se cruzaban con él lo saludaban con respeto, pero él apenas les hacía caso. Con paso firme, fue directo al ascensor privado, que lo llevó hasta el piso ejecutivo.
No tardaron en abrirse las puertas del ascensor. Al salir, Arven ya lo esperaba, con expresión seria. Detrás de él, la puerta de la sala de juntas principal estaba entreabierta.
—Ya están adentro —dijo Arven con sequedad.
Daven no preguntó a quiénes se refería. Sabía exactamente quiénes lo esperaban.
Al abrirse la puerta de la sala de juntas, Chris y Richard ya estaban sentados. La larga mesa del centro estaba cubierta de carpetas y documentos. Varias tabletas mostraban los informes legales que revisaban.
Chris se reclinó en la silla, pero su expresión no tenía nada de relajada.
—Al fin apareces —dijo cuando Daven entró—. Creí que no vendrías.
Richard se limitó a asentir con cortesía.
—Estábamos repasando las novedades.
—Si no fuera por las demandas, a esta hora seguiría envuelto en una manta.
Chris suspiró.
—Por Dios. ¿Ya debería empezar a buscar pareja? —Miró a Arven—. Hasta tú me llevas la delantera. Ya tienes prometida. ¿Y yo?
—Deja de quejarte —dijo Daven mientras se desabrochaba el puño de la camisa, apartaba una silla en el extremo de la mesa y se sentaba sin preámbulos—. Empiece desde el principio, Richard. Quiero escucharlo todo, sin omitir un solo detalle.
—Por supuesto, señor Daven. —Richard abrió una de las carpetas que tenía delante. Mantuvo un tono profesional, pero la tensión en la sala era inconfundible—. Empecemos por Harold. —Deslizó un documento hacia el centro de la mesa—. El equipo de auditoría logró rastrear todos los fondos que ocultó mediante empresas fantasma, y todo apunta a un mismo nombre.
Chris sonrió de medio lado.
—¿Quién más sino Bret Frederick? ¿O me equivoco?
—Así es, señor Chris. —Richard se acomodó los lentes—. No fue ni por asomo lo bastante listo para borrar todas sus huellas.
Continuó sin detenerse y fue pasando las páginas de su informe.
—Bret cometió la mayor parte del desfalco. Harold era la mente maestra. Harold se llevó una buena tajada durante todo este tiempo. Venían colaborando desde el año pasado, cuando Harold aún estaba en prisión.
—Es un desgraciado muy astuto —masculló Daven mientras apretaba el informe que Richard le había entregado hasta arrugarle los bordes—. Que no salga libre en muchos años. Tiene que pagar con cárcel.


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