Esa noche, el comedor de la familia Miller estaba más animado que de costumbre.
El candelabro de cristal bañaba la larga mesa con una luz cálida que caía sobre los platos cuidadosamente dispuestos. El aroma de la sopa caliente, el pollo asado y el pan recién horneado llenaba el comedor y lo volvía más acogedor.
Eli estaba entre Grace y Josh. A diferencia del día anterior, ya no tenía los hombros tensos. Aún se le notaba algo nerviosa, pero se veía más relajada, más tranquila.
Grace le dio un golpecito en el brazo.
—Hoy fuiste con mami, ¿no? —preguntó, curiosa.
Eli asintió apenas.
—Sí.
—¿Qué tal estuvo? —intervino Josh, curioso—. ¿La escuela es buena?
Eli dudó unos segundos antes de responder.
—Eh... sí, es buena.
—¿Solo buena? —se burló Josh—. Eso no dice mucho.
Grace se rio bajito.
—Eso significa que le gusta, solo que es demasiado tímida para decirlo.
Eli sonrió apenas.
—Tal vez.
En la cabecera de la mesa, Nathan los observaba satisfecho.
—Parece que la visita de hoy salió bien —dijo, y miró a Althea, sentada con calma a su lado.
Althea asintió.
—Mejor de lo que esperaba.
De vez en cuando, Althea se fijaba en que Daven y los niños tuvieran todo lo necesario; atendía a unos y a otros con naturalidad.
Riana miró a Eli con cariño.
—Hoy te ves más animada.
Eli bajó la mirada.
—Me... siento mejor, abuelita.
Chris se recostó en la silla.
—Qué bueno. Al menos ya no tenemos que verte tan decaída y agotada.
Felicia sonrió.
—Es muy buena señal.
La mesa se llenó de charla ligera. Grace hablaba entusiasmada de sus planes para el día de campo, Josh seguía quejándose de la clase de física y Chris intervenía de vez en cuando con comentarios que hacían reír a todos.
Eli se dio cuenta de que estaba sonriendo con ellos. Un par de veces incluso se sumó a la conversación, algo que apenas el día anterior le parecía casi imposible.
Pero, en el fondo, un pensamiento seguía rondándole. Era la decisión que debía tomar. Pasaron unos minutos. La cena estaba por terminar cuando Eli por fin respiró hondo.
—Abuelito... abuelita... —Su voz sonó cautelosa, casi vacilante.
La conversación en la mesa se fue apagando poco a poco. Nathan se volvió hacia ella.
—¿Sí?
Eli apretó las manos sobre el regazo. Miró a Nathan con incertidumbre, pero lo sabía. Si no hablaba esa noche, no sabría cuándo volvería a reunir el valor.
—Yo... quiero hablar de algo.
Riana entendió el tono y asintió con delicadeza.
—Podemos hablar después de la cena.
Eli negó con la cabeza.
—Quiero... decirlo ahora. Con todos aquí.
El comedor quedó en silencio. Daven, que acababa de terminar de comer, dejó la cuchara con calma y fijó la mirada en Eli.
—Adelante —dijo.
Eli tragó saliva antes de seguir.
—He estado pensando en todo desde esta tarde. —Levantó despacio la cara—. Sobre todo en lo que sugirió el señor Daven. —Hizo una pausa para tomar aire—. Quiero ir a esa escuela.
Nadie la interrumpió. Althea solo le sonrió con ternura. Nathan asintió apenas.
—¿Es tu decisión?
—Sí.
Daven se echó un poco hacia atrás en la silla.
—¿Estás segura?
Eli asintió, esta vez más firme.
—Lo intentaré. —Hubo una breve pausa antes de que añadiera—: Y... si la escuela tiene internado, no me importaría quedarme ahí.
Varios intercambiaron miradas. Grace se volvió hacia ella.
—¿Internado? ¿No vas a vivir en casa?
Eli la miró con ternura.
—De todos modos volveré en las vacaciones.
Daven habló entonces, sereno pero firme.
Althea sonrió.
—No tienes que decir nada.
Eli negó con la cabeza.
—No... sí tengo que decirlo. —Respiró hondo—. Gracias —dijo en voz baja, pero firme—. Por aceptarme aquí.
El comedor quedó en silencio.
—Gracias por no tratarme como a una extraña, aunque... en realidad no soy parte de esta familia.
Althea negó apenas, pero no la interrumpió. Eli continuó, con voz más baja, pero sincera.
—He recibido tanto aquí... más de lo que jamás imaginé. —Miró una por una a las personas alrededor de la mesa.
—Cariño... cuidado... y un lugar al que volver.
Al final, se le escaparon las lágrimas.
—Estoy muy agradecida.
Nadie habló enseguida. Pero algo cambió en el comedor; el ambiente se volvió más cálido, más íntimo. Riana atrajo a Eli para darle un abrazo suave.
—No tienes que agradecernos tanto.
Nathan sonrió con calidez.
—Solo demuéstralo siendo mejor persona.
Daven la miró serio.
—Y de ahora en adelante vive como se debe.
Eli asintió y se secó las lágrimas.
—Lo haré.
Desde el otro lado de la mesa, Grace le tocó el brazo.
—Si te quedas en el internado... no te olvides de volver a casa.
Eli sonrió apenas.
—Lo prometo.
Josh se encogió de hombros.
—Y no te olvides de la física.
Eli rio.
—Eso también.
La conversación volvió entre risas. Esa noche, por primera vez, la decisión de Eli ya no se trataba de quedarse por obligación, sino de querer estar ahí, entre ellos.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Que decepción esperaba la luna de miel de Naomi y Chris...
Me gusta esta historia pero se nota que está hecha con IA (no me molesta) Pero la IA en algún punto comienza a olvidar cosas o a confundirse, solo tengan cuidado con los detalles ya van varios que se les escapan...
Porque Eli no le dice mamá althea y papa a Dave . No la adoptaron?...
Esa autora habla más que los propios personajes jajaja unos grandes textos y pequeños diálogos...
Que molesto es tener que pagar y tener que esperar que suban 5 capítulos diario... Por favor ya...
Suban la novela completa...
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...