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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 618

Pasaron varios meses.

Las estaciones cambiaron en silencio y trajeron un aire más cálido y días que parecían... más ligeros. Más tranquilos. La sombra del miedo que alguna vez los siguió a todas partes por fin desapareció. No más amenazas. No más vigilancia constante. Ya se habían dictado los veredictos y los responsables estaban tras las rejas, pagando por todo lo que habían hecho.

Poco a poco, la casa de los Miller volvió a ser lo que siempre debió ser. Llena de risas y conversaciones distendidas. Rutinas simples que, de algún modo, se sentían más valiosas que cualquier otra cosa.

Eli ya era parte de la familia. Ya no dudaba en entrar a cualquier habitación, ya no se sentía incómoda al sentarse a la mesa, ya no se contenía al hablar. Josh todavía la llevaba al estudio para repasar las lecciones, Grace se le pegaba cada vez que tenía una historia nueva que contar y Riana no dejaba pasar un solo día sin asegurarse de que Eli comiera bien.

Y Althea ya estaba en los últimos meses de embarazo.

Se cansaba con más facilidad, caminaba más despacio y tenía las emociones... más a flor de piel que antes. No lo negaba. Al contrario, se descubría buscando a Daven más a menudo de lo que ella misma notaba.

No porque no pudiera arreglárselas sola, sino porque lo quería cerca.

—Daven. —Althea lo llamó en voz baja aquella mañana tranquila.

Él, que revisaba documentos en su escritorio, levantó la mirada.

—¿Sí?

Althea estaba de pie en el umbral, con una mano apoyada contra la pared y la otra sobre el vientre, en un gesto protector.

—Quiero sentarme afuera —dijo.

Daven se levantó enseguida, sin hacerla esperar. Se acercó y le tomó la mano con cuidado.

—Ven —dijo con dulzura.

La guio hasta el jardín trasero de la casa y ajustó su paso al de ella para no ir nunca demasiado rápido ni demasiado lento. Parecía conocer de memoria el ritmo de sus movimientos.

Al llegar a la banca del jardín, la ayudó a sentarse.

—¿Estás cómoda? —preguntó.

Althea asintió.

—Mmm. —Aun así, Althea seguía aferrada a su brazo, sin querer soltarlo.

Daven la observó un momento y luego se sentó a su lado, sin intentar apartarse.

—¿Qué pasa? —preguntó en voz baja.

Althea sonrió apenas.

—Nada.

—Sé que quieres algo.

Negó apenas.

—Solo... te quiero aquí.

Era una respuesta muy simple y, sin embargo, bastó para que Daven se quedara callado unos segundos. Luego asintió.

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