El ambiente seguía animado cuando las risas volvieron a estallar en una esquina de la mesa. Las copas se alzaban, las conversaciones se superponían y la música suave hacía que la noche se sintiera aún más viva. Lydia estaba entre ellos y de vez en cuando respondía a las bromas de Felicia y Karina, mientras Daven seguía enfrascado en una conversación ligera con Nathaniel.
Entonces, Cale se puso de pie. No hubo ningún anuncio solemne ni ningún cambio en su expresión. Solo se levantó y, de algún modo, eso bastó para atraer la atención sin el menor esfuerzo.
—Creo —dijo con tono neutro—, que ya debería volver a la habitación… con mi esposa.
Cale enfatizó sutilmente las últimas palabras. Varias personas se volvieron al mismo tiempo. Chris, que estaba recostado en su asiento con aire despreocupado, dejó escapar una risa burlona que no intentó disimular.
—Vaya… ¿tan rápido? Pensé que al menos te quedarías un rato más, por cortesía.
Cale le lanzó una mirada fugaz y fría.
—La cortesía no hará que me quede más tiempo.
—Claro que no —respondió Chris con desgana—. Pero al menos podrías fingir.
Cale entrecerró los ojos.
—¿Para qué voy a fingir? Si te molesta, búscate a alguien que se encargue de tu propia vida.
Daven apenas pudo contener la risa. Chris arqueó una ceja.
—Ah, ¿o sea que ahora yo te molesto?
—Sí —respondió Cale sin titubear—. Nos molestas a mí y a Daven.
Daven, a quien habían involucrado sin venir a cuento, suspiró.
—Yo no estoy metido en esto.
—Ese es el problema —respondió Cale.
Otra ola de risas recorrió la mesa. Del otro lado, Riana ya se había levantado y le daba unas palmadas a Josh en el hombro.
—Vamos, nosotros también deberíamos irnos a casa. Ya es tarde. Y Grace, recoge tus cosas. Que no se te olvide nada; tienes que descansar.
Josh suspiró.
—Pero yo todavía quiero quedarme.
—Mañana los vuelves a ver —respondió Riana, aunque su tono no dejaba lugar a discusión.
Grace ya se había acercado a tomar de la mano a Althea un momento, antes de regresar junto a Riana. Eli se levantó de su asiento en silencio, sin decir nada, atenta a no quedarse atrás. Como de costumbre, se colocó un poco detrás de los demás.
—Eli, ven aquí —la llamó Althea con dulzura.
La chica asintió apenas y se acercó a colocarse junto a Josh y Grace, callada, pero sin perderse detalle. Lydia observaba todo con una sonrisa tenue… hasta que se dio cuenta de algo. Cale ya caminaba hacia ella. Y entonces se detuvo enfrente.
—Vamos.
Esa palabra bastó para que Lydia parpadeara sorprendida. Cale no solía hacer ese tipo de cosas. Esa noche no había dejado de sorprenderla.
—¿Y-yo? —preguntó Lydia sin pensar, aunque la respuesta era obvia.
—Aquí no hay otra Lydia —contestó Cale con calma.
Felicia apenas logró contener la risa.

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