Lydia parpadeó, todavía intentando recobrar el aliento.
—¿Qué...?
Cale volvió a inclinar la cabeza y esta vez le dio un beso en los labios, breve, pero de algún modo aún más inquietante.
—¿Quién te dijo que te pusieras así de hermosa esta noche? —continuó en voz baja.
A Lydia se le escapó una risita, aunque el corazón le latía descontrolado.
—Esa no es razón para...
Él no la dejó terminar.
Cale volvió a besarla, esta vez brevemente, pero bastó para aturdirla un instante. Sus manos se aferraron a él sin que se diera cuenta, ya no para apartarlo, sino para seguir el ritmo que él marcaba.
—Cale... —Su voz se suavizó; ya no era del todo una protesta.
El ascensor tintineó y las puertas se abrieron. Pero no la bajó.
Salió todavía con ella en brazos, como si fuera lo normal. Avanzó sin prisa por el pasillo silencioso del hotel. Las luces tenues enmarcaban sus sombras, que se estiraban y cambiaban de forma a lo largo de las paredes.
—Ya tienes que bajarme —insistió Lydia en un susurro, mientras se removía un poco entre sus brazos para intentar que cediera.
—¿Por qué? —se limitó a preguntar Cale.
—Porque... —Lydia titubeó, incapaz de dar con una razón lo bastante convincente. Todavía estaba ruborizada—. Porque esto es demasiado.
—No tanto.
Respondió con la misma soltura que había mostrado toda la noche. Cale se detuvo frente a una puerta.
Era una habitación VIP. Por fin, Cale bajó a Lydia con delicadeza, pero no la soltó. Dejó la mano en su cintura para mantenerla cerca. La tarjeta rozó el lector.
Se escuchó un clic. Y la puerta se abrió. Antes de que Lydia pudiera asimilar del todo lo que acababa de pasar, Cale tiró de ella hacia adentro.
La puerta se cerró tras ellos y dejó afuera el ruido del exterior, como si el mundo se hubiera detenido en ese umbral. Lydia se quedó a unos pasos de la puerta, sin avanzar más, cuando percibió un tenue aroma a flores. Alzó la mirada... y se quedó inmóvil sin darse cuenta.
—Cale...
Había pétalos de rosa esparcidos por el piso. No eran demasiados, pero sí suficientes para formar un camino hacia la cama. Las luces atenuadas proyectaban un resplandor dorado que volvía la habitación más cálida e íntima, como si la hubieran creado solo para ellos dos.
Pero la decoración no era lo que la mantenía inmóvil. Desvió despacio la mirada hacia la cama y lo que vio le cortó la respiración.
Entre los pétalos bien acomodados había una corbata negra y una larga tira de tela suave, dobladas con un cuidado deliberado, como si las hubieran dejado ahí para que las encontrara. Y lo más llamativo de todo... un camisón de encaje justo al lado.
Lydia frunció apenas el ceño. Se acercó, alzó los dedos, casi rozó la tela y el camisón... y se detuvo a medio camino.
—¿Qué es esto? —preguntó con suavidad, volviéndose hacia Cale, que seguía a poca distancia de ella.
Cale no respondió enseguida. Se quitó el saco con calma, como si no hubiera nada raro en lo que Lydia acababa de ver. Lo arrojó a una silla cercana antes de volver a mirarla, con expresión serena... pero con la mirada demasiado fija.
—¿Tú qué crees? —respondió con despreocupación.
Lydia se volteó por completo hacia él, con una actitud que mezclaba curiosidad y una cautela desconocida que no sabía explicar.
—No me digas que esto también es parte de tu sorpresa.
Cale no lo negó.
Las yemas de sus dedos descendieron hasta dar con el broche del vestido. El roce era ligero, apenas perceptible, y aun así hizo que Lydia contuviera la respiración sin darse cuenta.
Sabía... que debía detener esto. Decir algo. Apartarse antes de que las cosas llegaran más lejos.
Pero en lugar de eso, se quedó quieta. Con la mente en blanco. Parecía esperar lo que Cale hiciera a continuación.
Y cuando el broche cedió con un solo movimiento sin prisa, el vestido que la había envuelto todo ese tiempo cayó al piso y dejó tras de sí un silencio que de pronto se sintió más pesado... más real.
Cale no se movió enseguida.
Se quedó ahí, cerca, demasiado cerca, y bajó la mirada un momento, como si contemplara el resultado de lo que acababa de hacer. Luego volvió a alzar la vista y encontró una vez más los ojos de Lydia.
Esta vez, con una mirada más intensa y fija. Parecía que no solo la miraba, sino que buscaba confirmar su consentimiento. Lydia no podía apartar la vista.
No sabía por qué. El corazón le latía descontrolado, la respiración se le entrecortaba, y su instinto le advertía que estaba perdiendo el control. Y aun así... no se movió. No retrocedió.
No se resistió. Se quedó ahí, cautivada por la intensidad de Cale e incapaz de romper el contacto visual.
—Confía en mí...
Por fin habló en un susurro reservado para ella. No había presión en su voz. Ni imposición. Y quizá por eso la petición tuvo aún más fuerza.
Lydia tragó saliva; respiraba con dificultad mientras intentaba recuperar el ritmo de la respiración, que ni siquiera sabía en qué momento había perdido. Sabía que la pregunta era más compleja de lo que parecía.
Y sabía... que cualquier respuesta que diera significaría más que simples palabras. Pero cuando lo miró, cuando lo miró de verdad, no encontró nada que la hiciera retroceder. Lo que vio, en cambio, fue certeza. Convicción. Y algo mucho más peligroso.
—¿Confías en mí?

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Que decepción esperaba la luna de miel de Naomi y Chris...
Me gusta esta historia pero se nota que está hecha con IA (no me molesta) Pero la IA en algún punto comienza a olvidar cosas o a confundirse, solo tengan cuidado con los detalles ya van varios que se les escapan...
Porque Eli no le dice mamá althea y papa a Dave . No la adoptaron?...
Esa autora habla más que los propios personajes jajaja unos grandes textos y pequeños diálogos...
Que molesto es tener que pagar y tener que esperar que suban 5 capítulos diario... Por favor ya...
Suban la novela completa...
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...