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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 630

Sus movimientos se volvieron más rápidos, más precisos, y el ritmo se hizo más intenso; la acercaba cada vez más al clímax. Sentía cómo respondía el cuerpo de ella y cómo sus músculos se contraían a su alrededor.

Estaba cerca. Muy cerca.

—¡Ahh… Cale! —Su mano se enredó en el cabello de él y lo aferró con más fuerza mientras se arqueaba.

—Ya… ya casi… estoy a punto…

Escuchar que estaba a punto fue la señal que Cale necesitaba. Aceleró el ritmo, con caricias ahora implacables, y la llevó al borde, sin piedad. Hasta que lo sintió. El temblor sutil. La forma en que el cuerpo de ella reaccionó: se tensó, se estremeció… y luego se abandonó al placer.

—¡Cale!

Como no estaba listo para detenerse, Cale siguió moviéndose dentro de ella, sin prisa, con caricias cada vez más intensas que se mezclaban con la calidez y la humedad.

—Ya basta… —gimió Lydia en voz baja y le atrapó la muñeca para intentar apartarlo.

—Todavía no.

Aun así, retiró los dedos… y volvió a estimularla con la boca. Cale volvió a recorrerla con la boca, lenta y minuciosamente. Lydia cerró los ojos y se entregó. Una fina capa de sudor le cubrió la piel y su respiración se fue calmando poco a poco, aunque el placer entre sus piernas aún no se desvanecía. Lo sabía… él no se detendría hasta quedar satisfecho.

Lydia no opuso resistencia cuando Cale volvió a levantarla. En parte por la debilidad que aún le recorría el cuerpo… y en parte porque ya sabía adónde la llevaba.

A la cama.

—¿A mi manera o a la tuya? —preguntó Cale mientras la bajaba con cuidado. Se inclinó y le dio un beso breve en los labios, que aún no había probado del todo esa noche. Ese tono enrojecido era tentador… pero, a decir verdad, había estado demasiado distraído con todo lo demás.

—A la tuya —respondió Lydia en un susurro, tras una breve pausa.

La sonrisa de Cale se ensanchó.

—Por supuesto. Hace rato que quiero usar las esposas.

Lydia rio por lo bajo y aflojó un momento los brazos alrededor de su cuello.

—Pero… no seas muy brusco.

Respondió con una risa grave.

—Está bien.

Lydia dejó que la cargara y la acomodara al borde de la cama. Desde ese momento no le quitó los ojos de encima. Lo observaba y esperaba con expectación lo que haría a continuación.

Incluso… Cuando estiró la mano hacia algo en la mesita de noche. Un par de esposas.

—¿En serio… vas a usar eso? —preguntó Lydia y la seguridad de hacía un momento le flaqueó un poco.

—Ya dije que iré despacio. —Cale sonrió apenas—. Así que… recuéstate, mi amor —murmuró contra sus labios.

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